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domingo, 28 de junio de 2009

El baile de máscaras




Hoy he llegado a casa, y me he encontrado una invitación a un baile. Una hermosa tarjeta timbrada en papel fino, con letras doradas, cursivas con un pequeño texto: "Cordialmente ha sido invitada a un baile de fantasía. Venir sin disfraz, nosotros lo proporcionaremos" Hora: En este momento, hoy...

Quedo algo perpleja, y me pregunto, un baile de disfraces sin disfraz? Vaya... que tiempos modernos corren. Así que apresuro a cambiarme, me pruebo varias prendas, y cuando creo que estoy lista, tocan a mi puerta, y salgo presurosa. Me espera un elegante conductor de un coche... de cristal? Le miro de reojo, y solo veo su sonrisa bajo la chistera, siento mucha confianza con él. Le pregunto, mientras subo al coche: - ¿a donde vamos?, cortésmente me responde... - ¡Al baile, por supuesto¡¡

Digo ... si claro, ya lo sé, pero ... en donde es? - con su suave voz me dice, al palacio de las ilusiones. Ah... y... dónde queda? ... Solo me dice, ya casi llegamos, no te afanes por nada, todo está dispuesto. Su voz me tranquiliza, aunque no entiendo casi nada de lo que ocurre. Me pregunto, será que estoy en un sueño? Un auto de cristal, un palacio de ilusiones, una fiesta sin trajes fantásticos... esto no puede ser real ¡¡

Entonces me doy cuenta, que nos hemos detenido, ante un magnífico palacio de luz... sí, solo de LUZ, brillante, blanca, todos los contornos del edificio son un delgado hilo de brillos como el fulgor de miles de estrellas juntas...

Veo muchas personas llegar, y todas tan sorprendidas como yo. Vamos entrando. En el amplio recibidor, nos encontramos a varias personas vestidas como bellas hadas y otros seres de luz. Nos invitan a seguirles a un gran salón, allí, me dedico a observar la construcción, altas paredes, adornadas con muchísimos espejos, columnas brillantes que separan el gran espacio en varias galerías, un techo abovedado, que más parece el cielo mismo en la noche más estrellada, ya que las luces que lo iluminan, están tan altas, que sus destellos parecen luceros. El piso, de un mármol tan brillante que puedo ver mi reflejo en él. Entonces, aparece nuestro anfitrión, mi viejo amigo Durh, que sonriente se acerca, nos abraza a todos y nos invita al centro de la estancia.

Todos le miramos con ansiedad, y preguntando en silencio... ¿Y los disfraces?

El sabe lo que pensamos y afablemente nos dice... "Bienvenidos todos a esta celebración. os quiero invitar, a que cada uno escojáis una máscara. Detrás de ustedes, encontrarán cajas con miles de máscaras. Podéis escoger una, dos, o las que queráis usar en el baile. Tomad todo el tiempo que necesitéis, no hay límites, y para ello, pues, os dejaremos a solas". Diciendo esto, nos damos vuelta, y en efecto, hay cajas muy grandes con cientos de máscaras. Comienza a sonar una bella melodía, como de campanillas de cristal.

Me pongo a observar a los demás, y todos están confundidos, hay tantas formas, que es difícil escoger. Unos optan por las más brillantes, las más fastuosas, y al ponérselas sobre el rostro, inmediatamente aparece el vestido acompañante. Entonces, me animo, y comienzo a buscar, pero, comienzo a impacientarme. Unas, son muy grandes, otras, muy pequeñas, otra... me gustan los brillos, pero son demasiados, no me dejan ver a través de los pequeños orificios para los ojos; otras, tienen tantos adornos que son muy pesadas y debo sostenerlas con las dos manos, no dejándome libertad para nada, ya que los vestidos, son iguales. Comienzo entonces a observar, que yo puedo armar mi propia máscara, quito un trozo de una, otro de aquella q brilla menos, una perla de esta que me ha gustado, y así, voy descartando y armando... hasta que digo... bueno... esta está bien, no es la mejor, pero no es la peor, es liviana, aunque talla un poco, ya que por dentro es muy irregular, al ensamblar las diferentes artes, no cazaban bien por dentro, pero por fuera, la apariencia es perfecta, y por lo que veo, todos buscan lo mismo, que su máscara sea perfecta ante los demás.

Finalmente, dejo ya la que he armado y me la pongo, el traje, es también a retazos, algo incómodo, pesa bastante y camino lentamente, tropezando frecuentemente. Pero pronto aprendo a manejarlo haciendo hacia atrás, la arte más pesada.

Entonces Durh regresa, y él no está disfrazado, sigue ataviado con su traje de luz cristalina, impecable y armoniosa. Me digo... "ay, que bonito sería un vestido así.... qué libertad de movimientos, se le ve tan cómodo... ". Nos va observando, felicitándonos individualmente por el disfraz escogido. Nos invita a bailar, pero pronto veo, que todos tropezamos, damos pequeños brincos, pasos torpes, o nos caemos. También veo a un buen amigo, sentado en el suelo, con dos máscaras, no sabe cual ponerse, una es de barro, pesada, gruesa, burda, oscura, la otra, cristalina, brillante, ligera... pero duda, las intercambia constantemente. Otra amiga, sostiene su máscara y no se anima a usarla.
Al cabo de unos momentos, en que muchos se han encolerizado porque no pueden danzar, porque se sienten fastidiados, comienzan a gritar a Durh, diciéndole que la fiesta es un engaño, que es una trampa, que las máscaras están mal hechas, no sirven... Durh, pregunta: - ¿Y por qué la escogiste? ¿Qué te gustó de ella? Antes de reclamar, pregúntense porqué la eligieron... nadie les obligó, nadie les sugirió, nadie presionó, tiempo tuvieron todo el que quisieron, inclusive, algunos fueron de caja en caja, tomando partes de las máscaras de otros, ahora... os quejáis de lo que habéis vosotros mismos escogido?

El salón quedó en total silencio. No tenemos respuestas, ya que hubo total libertad para decidir. Cabizbajos, Durh nos muestra los espejos, y nos dice: "Observad, cada detalle de vuestra escogencia, y analizad qué os gustó y que no, el espejo os mostrará sin duda alguna todos los aspectos de vuestro disfraz, si os es favorable o no, el peso, el material, lo que implica usarlo, todo. Mirad con el corazón y la razón y escuchad a vuestro ego, si fue él quien os guió, o fue vuestra conciencia. Este traje que lleváis puesto, es lo que a diario os ponéis en vuestras vidas, vuestras máscaras, están construidas día a día con retazos, tomáis de aquí y de allá, siempre de afuera, del exterior, buscando ser aceptados por los demás, deseando brillar más que los demás, ostentar lo que no tenéis, así por dentro sea incómoda, rugosa, os lastime y lacere la piel, preferís guardar silencio, a asumir que no es lo que deseáis; por eso, este es el castillo de las ilusiones, porque aquí cada uno de vosotros, construye su propia imagen, de fantasías, de sueños, mas no sacáis de vuestro interior la imagen que queréis proyectar".

- Todos continuamos callados, realmente Durh está diciendo algo tan real, que no sabemos entonces cómo quitarnos estas incómodas prendas. Continua diciendo: " Habéis venido libremente, ahora, del mismo modo, os invito a desprenderos de estas facetas, aprended a dejar en libertad vuestro ser. Los brillos, los fulgores de las lentejuelas, de los cristales que reflejan la luz, hacen que no podáis ver, y de paso, impiden que los demás os vean como realmente sois. Entonces, cuando cada día, asumen una máscara, la adoptáis aunque no estéis cómodos, pero no la elimináis, vais poniendo una sobre otra, sucesivamente, y ha llegado el momento, en que habéis olvidado por completo, quiénes sois. Vendida, amigos míos, hermanos míos, queréis eliminarlas? " - Todos contestamos con prontitud, que sí, todos lloramos y ansiamos quitarnos este peso que nos está agobiando.

Entonces nos invita al jardín. Allí, hay una hoguera, hermosa, luz violeta, roja, dorada, amarilla, tonos azules y amarillos, tan intensos, danzantes, chispeantes, y para nuestra sorpresa, de este fuego majestuoso, saltan pequeñas chispas que nos ayudan a arrancar de nuestros rostros, estas máscaras. Durh nos indica que las tomemos en nuestras manos.

-" Bien queridos hermanos, es momento de desprendernos de aquello que os a acompañado a lo largo de vuestra vida, y de vuestro viaje hasta aquí. Pero no se puede así no mas, debéis darles vuestro agradecimiento a estas facetas. Podéis tomaros el tiempo que deseéis para hablar con ellas, con cada una, aceptar que ha cumplido su función y decirle que ya no debe estar más con vosotros.

A mí me cuesta mucho, porque pesa tanto, y solo va saliendo a trozos, de la misma forma en que la armé. Y tuve tanto empeño en ello.... así que asumo que ahora el proceso será más complejo, ya que está tan fuertemente adherida cada parte con al siguiente, y hay unas tan chicas... Durh siente mi desconsuelo, y me abraza diciéndome suavemente... “no te angusties, no hay afán. Solo ve una parte a la vez, no mires cuanto te queda, solo ve sacando, agradece, perdónate, ríe, llora, abraza, ama, enójate, pero siempre al final, agradece, perdona y amate, porque la fachada que has construido, lo has hecho pensando que era lo mejor para ti. Recuerda, los demás te ven de un modo, pero... cómo te ves tu misma? es ese lado rugoso del interior, el que incomoda, que lacera, que no se acomoda... el que te muestra que ha llegado el momento de cambiar, de transmutar. Saca todo, cada día un poco, y quémalo, deja que el fuego abrace cada trozo, lo purifique y devuelva al universo en cenizas y verás que comenzarás a construir en su reemplazo, no una máscara, sino una imagen que reflejará tu interior, será tan cristalina como el agua del rocío en la mañana, tan fresca, que el sol brillará sin enceguecerte y será tan liviana, que estarás totalmente libre, y entonces finalmente encontrarás tu paso, tu propio ritmo para danzar. Si por alguna razón, y seguramente será así cada día, te ves en la necesidad de volver a recurrir a una máscara que te oculte, pues hazlo, pero al final del día, no olvides traerla al fuego, y deshazte de ella. No acumules, que no te dejan respirar".

Diciendo esto, se apartó y me senté respirando calmadamente y viendo ya el fuego sereno también ante mí. Con la certeza que cada día que pase, podré quemar ese trozo viejo y el nuevo que he agregado a mí ser, y al hacerlo, libero mi alma del dolor, del peso, del engaño y del agobio que implica llevar una imagen que no me muestra tal como soy. Confío en que al final del tiempo, esté frente al espejo, nuevamente en este gran salón de baile, y me reconozca sin más dilaciones, entonces danzaré al ritmo de los cristales la danza eterna de la vida.

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