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sábado, 18 de julio de 2009

Las pompas de jabón

Las pompas de jabón

Cuál es la magia que envuelve este juego de infancia? Soplar, verlas elevarse y volar con la suave brisa vespertina; brillar ante la luz del sol, temblar súbitamente y explotar al menor roce, o simplemente, porque sí. Perseguirlas en un día soleado, escuchar las risas de los niños, correteando con sus manitas extendidas, sus rostros ruborizados, sus carreras tras las bombas que denontan cuanto disfrutan de sus colores y se olvidan que alrededor gira el mundo. Solo importa, ver el brillo, buscar las más grandes, soplarlas para que sigan flotando y se eleven, o competir por reventar más que los otros

Pero, para mí, hace tiempo es un tema que me atrae. Qué es una pompa de jabón? Un mensaje oculto? En términos físicos, es una membrana de una sustancia jabonosa que contiene aire a una presión determinada y se equilibra con la presión externa, es tan liviana que la lleva el viento hasta que la diferencia de dichas tensiones la hace estallar. Podría hacer una investigación rigurosa y encontrar muchas definiciones, terminolgías científicas, fórmulas matemáticas, para lograr la burbuja perfecta y más duradera. Pero qué representa todo esto? Podría ser yo una pompa de jabón? Es tan frágil mi existencia como para compararlas? Puede ser… la temporalidad de mi vida puede ser tan sutil como lo que dura una burbuja, si su existencia en el tiempo es cuestión de instantes, mi temporalidad ante la eternidad, sería lo mismo, tan solo segundos.

Entonces, qué gano al estar aquí con tan pocas posibilidades de permanencia? Pienso en lo QUÉ ES…

Las características más atrayentes de una burbuja son: su brillo, refleja el arcoíris con tal magnitud que parece un diamante enorme; su perfecta forma; su fragilidad y a la vez fortaleza para mantenerse flotando en la brisa; la alegría que produce en un niño y las risas al hacerlas estallar.

La forma, es perfecta, porque está en equilibrio, cuando flota suavemente, sin temblar, sin amenazar con estallar, significa que sus fuerzas internas y externas son iguales, ninguna es mayor que la otra, por lo tanto, no hay deformidades, hay una superficie suave, continua y su movimiento es igual, sutil y armonioso. El brillo ante los rayos del sol, es sedoso y casi hipnótico. Es la magia del equilibrio, es … la paz interna y el exterior no la altera. Entonces el brillo se torna perlado, refleja el arco iris como un suave espejo, es hipnótico, ya que siento que es durante ese momento perfecto que la burbuja simplemente ES sin más.

Al reventarse, no desaparece simplemente, se transforma en miles de gotitas y caen; observando con cuidado, se puede seguir el rastro en el suelo, quedan las marcas del lugar donde han reventado y muchas salpicaduras de aquellas que simplemente se vuelven una pequeña lluvia de jabón. Otras… se van, se pierden en otros lares, nuestras manos, cuerpo, o en cualquier espacio. Siempre al terminar el juego, queda una pequeña nostalgia, de querer seguir, de no terminar la magia.

Entonces, yo puedo ser una burbuja? Si equilibro mis fuerzas internas con las externas, si solo vivo el momento si pensar en donde será mi final, creo que podré brillar como estas esferas que parecen de cristal así el momento sea fugaz, es el que hay, y vale más disfrutar un instante, que lamentar una eternidad el no haber disfrutado esa oportunidad.

Ser como pompas de jabón, despertar, brillar, volar, flotar y al final, dejar una huella, en algún lugar, siempre alguien lo notará.

El efecto de la tormenta

En mi alma de águila solitaria, muchas veces me pregunto el porqué de estar en constantes cambios. Solo ahora, que puedo remontar sobre las cumbres más altas, sobre las nubes, sobre el mismo cielo y ver el panorama desde lo más alto, puedo percibir entonces un horizonte diferente.

Despliego mis nuevas alas, mi nueva forma, un águila de cristal, tan duro como el diamante, tan liviano como vapor de agua, transparente como la nada. Me permite este nuevo volar sin restricciones por todo el universo y contemplar sin temor y sin ocultar nada a mi vista, el panorama.

Veo muchas tormentas, van y vienen por doquier. Unas grandes, otras más pequeñas, otras chocan entre sí… y de pronto se disipan, se calman, el viento limpia el desastre, el agua riega la nueva tierra y las nuevas semillas germinan. Pero vuelven, una y otra vez.

Bajo a un risco de una muy alta montaña, desde donde puedo observar cómo funciona una de estas tormentas: en el centro, hay calma, no hay nada, según los expertos es el ojo, allí no se mueve ni una brizna, el sol se filtra, hay paz. Pero a su alrededor, todo es agitación, turbulencias, caos, destrucción total… Entonces observo a lo lejos, hasta donde alcanza a influir esta tormenta? Pues… depende de la dirección que tome, del curso… si toca suelo, con qué se encuentre… la resistencia que se ofrezca… hay tantas variables.

De regreso a mi nido, me pongo a investigar. Las tormentas me parecen hermosas desde el aire, la forma en que las nubes se envuelven, los tonos, los bordes diluidos y el centro, oscuro, enigmático. Cómo se forman? De un modo tan sutil, tan suave… imperceptible para la mayoría, solo aquellos seres que están en constante y total sincronía con la madre naturaleza, pueden saber cuándo comienza a formarse un tornado. Entonces, callan, buscan a sus familias, y huyen raudos a ponerse a buen recaudo, lejos de donde puedan ser afectados.

El cielo está claro, sol radiante, brisa fresca, casi imperceptible, hay mucha… demasiada calma… de pronto, las aves no trinan, no vuelan, las vacas se echan, los perros y gatos salen a esconderse… las nubes lentamente comienzan a juntarse, muy claras, suaves, pero en cuestión de segundos, comienzan a llegar grandes cúmulos, y cada vez mas oscuros. El aire se enrarece, el brillo del día cambia, es casi hiriente a los ojos… suenan algunos truenos, pero en el cielo solo se observan nubarrones… sin previo aviso, se forma un pequeño tornado y comienza a bajar el pie… parece un cono de helado…. El sonido es… tan raro, son como silbidos roncos… la velocidad con que comienza a absorber las nubes a su alrededor, a ennegrecerse en la medida que recoge hojas, tierra, elementos del aire y del suelo, todo esto es apabullante. Ruge el cielo, desgarra la oscuridad un relámpago y el estruendo es aturdidor; comienza el proceso de arrasar con todo lo que halle en su camino: árboles, casas, carros, postes de luz, todo parece retorcerse ante su fuerza, se desintegra en pequeños trozos que vuelan con gran fuerza dentro de su embudo y salen disparados a cientos de metros. Estoy realmente aterrada, me siento inerme ante la devastación, solo atino a recluirme en lo más profundo de mi cueva, rogando que el viento no llegue hasta mi montaña, pero inevitablemente siento el aire, huele a dolor, a barro, hay granizo, lluvia, casi quema al caer, la roca se desmorona al contacto de estas gotas y cristales disparados con la fuerza de un arma de fuego.

Sigue su curso, impasible y arrasador. De pronto, tal como comenzó, se disipa… las nubes se disuelven, los escombros caen como lluvia por todo el valle… los últimos truenos suenan como estertores agónicos de la muerte de la tormenta, y finalmente, sale de nuevo el sol. Claro, radiante… Salgo y remonto el vuelo despacio, voy mirando hacia abajo, casi a ras del suelo, observando todo lo sucedido. Hay cosas que no se reconocen en absoluto, hay trozos de paredes, postes rotos como pajillas de madera, techos en astillas, coches retorcidos como papel viejo, aves, animales y personas heridas. Hay llanto, hay quejas, lamentos por doquier. Pero también surge un sentimiento que previo a la tormenta no se sentía: solidaridad, los sobrevivientes acuden raudos a socorrer a los heridos, con sus propios medios, comienzan a liberarlos y a trasladarlos a lugares más seguros, en espera de los medios de socorro y personal más calificado. Nadie se detiene a pensar si esta o aquella persona merece o no ayuda, solo la brindan, todos se unen por una misma causa. Entones entiendo que el caos, genera cambios, y muchas veces, estos deben ser a raíz de circunstancias destructivas, que al final, son constructoras. Hacen cambiar actitudes, formas de pensamiento, de hablar, de sentir. Entonces voy comprendiendo.

Vuelvo a mi nido, y pienso en el caos que ahora envuelven mi vida… y veo que aunque yo esté en un lugar aparentemente seguro, puede ser tan solo el ojo de mi huracán. A mi alrededor, hay mucho caos ahora, amigos discutiendo, chocando como pequeños tornados entre sí, vientos huracanados azotando mi familia, temblores sacudiendo y haciendo tambalear todo aquello construido y pensado como estable. Entonces, debo resistir? No, lo que siento, es que ahora solo debo volar por encima de todo esto, y evaluar las consecuencias y lo que va sucediendo.

Evitar que la tormenta llegue, no tiene sentido, ya está en pleno. Esperar a que pase, sí, pero alerta. Estos cambios que dejará serán fundamentales: los escombros, serán aquellos conceptos, criterios, pensamientos, sentimientos y acciones débiles, equivocados, llenos de temor, de falsas expectativas disfrazados de fortalezas, que obviamente no están en capacidad de resistir esta nueva situación. En los cambios, hay dos opciones: ser el inicio, aunque ello conlleva a generar el caos, o ser parte del caos y ser destrozado por el mismo.

Al ser orígenes, podemos controlar en algo la fuerza destructiva: al medir las palabras, las acciones, los sentimientos, si lanzamos palabras al azar, los vientos serán tan fuertes que el daño generado, tarde o temprano nos avasalla de igual modo. Podemos conscientemente enfocar el pie del embudo para remover específicamente aquellos cimientos mal construidos, y sacarlos de raíz, así aparentemente la herida sea tan honda, que no veamos cómo la vamos a cubrir. Pero al disiparse la tormenta, podremos terminar de limpiar y construir nuevamente, levantar nuevas estructuras, y recoger aquellas que han quedado obsoletas, incluyendo, que haya que sacar de nuestras vidas a personas que solo actúan como potenciadores del ciclón. No necesitamos esos elementos destructivos que nos hacen aumentar nuestra propia confusión. Merecemos construir de un modo efectivo los nuevos parámetros para seguir nuestro camino en forma armoniosa, podemos avanzar haciendo que esa luz que está en el centro, se extienda por entre, sobre y debajo de la misma tormenta, hasta que la disipe del todo y vuelva a iluminar nuestro universo.

Y si una tormenta ajena nos toca, evaluemos entonces la forma en que nos está llegando y qué cambios nos está indicando para hacerlos sin dilación. Titubear a esta altura de la vida, es ceder nuestro poder a fuerzas ajenas, al caos generalizado del mundo, y dejar de vivir nuestros propios procesos y aprender las maravillosas lecciones que tras ella trae. No podemos pedirle al centro que actúe diferente, pues no es nuestro, no escuchará ni nos verá. Solo podemos evitar que nos destroce, ya sea alejándonos, o dejándole seguir su curso sin interferir, para que no se cargue de escombros y no nos destruya en el proceso.

Siempre las tormentas son regeneradoras, alabemos pues, y demos gracias al universo, por estos momentos, difíciles, que nos ponen a prueba y nos llevan a medir los límites de nuestras fuerzas, de lo contrario, pasaríamos la vida sin aprender, sin sentir, sin progresar. Seamos cambio primero en nuestros universos interiores, para generar cambios en el exterior.

sábado, 11 de julio de 2009

El Precio del Conocimiento y Algunos Pensamientos

Autor desconocido



Algunas veces es un error juzgar el valor de una actividad simplemente por el tiempo que toma realizarla... Un buen ejemplo es el caso del ingeniero que fue llamado a arreglar una computadora muy grande y extremadamente compleja... una computadora que valía 12 millones de dólares. Sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba trabajando perfectamente.

El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.

- ¿Cuánto le debo? preguntó.
- Son mil dólares, si me hace el favor.
- ¿Mil dólares? ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito? ¡Ya sé que mi computadora cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! Le pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique.

El ingeniero asintió con la cabeza y se fue.

A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto, sin chistar.

La factura decía:
Servicios prestados:
Apretar un tornillo............ US $1 dólar
Saber qué tornillo apretar.... US $999 dólares


RECUERDA: "SE GANA POR LO QUE SE SABE, NO POR LO QUE SE HACE"


Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso volverlas a decir a cada momento. La gente no puede descubrir nuevas tierras hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla. Es mejor ser odiado por lo que eres que amado por lo que no eres. Nuestros actos están unidos a nosotros como el fósforo a su luz. Nos consumen, pero producen nuestro esplendor.

miércoles, 8 de julio de 2009

El regalo: La perla


Para comenzar este viaje, soltemos todo aquello que emocionalmente, mental y física nos impida ir libremente de disfrutar de este momento. Invoquemos a nuestro ser, decretando que será él quien por el amor y nuestra esencia divina, nos guiará en este mágico viaje. Llega Durh con su encantadora sonrisa y nos abraza. “Vamos a ir por perlas, por mágicas perlas” nos dice con emoción.

Nos guía a un valle tranquilo, verde, rebosante de luz, de brisa y olores a primavera, en ésta época comienza a brillar el sol con mucha fuerza, el verano ronda y todo parece llenarse de flores, frutos que comienzan a crecer en las copas de los árboles pichones de muchas avecillas revoloteando en un tremendo jolgorio pidiendo a sus padres más comida, ellos, afanosamente van y vienen, sin detenerse a mirarnos procuramos caminar sin ruido, claro que el prado es tan suave, que parece ceder a nuestros pasos sin quebrarse, sin hacer ruido.

Vamos a pasar una cueva, en un pequeño cerro, la roca es de color marmoleada, formada por brillantes granos de colores de matices verdosos, negros y jaspeados; entramos a la ancha caverna, es muy luminosa, la misma roca tiene un bello destello blanquecino que nos sirve para ver el camino. Salimos, a un valle aún mas maravilloso, surcado por un gran río. Durh nos invita a entrar en él, aunque se ve caudaloso, su sonido es tan agradable, el agua fluye, cantarina, fresca, sus aguas se ven tan refrescantes que entramos en ellas sin duda, y se siente gran regocijo al hacerlo; vamos sumergiéndonos en sus aguas, vemos muchos pececillos pasar por nuestro lado renacuajos, salamandras, lagartijas, ranas y muchas larvas de insectos aferradas a las raíces de plantas en la orilla. Comenzamos a caminar por el fondo, un lecho rocoso cubierto de preciosos guijarros tan redondeados, tan suaves que parecen de seda. El agua es tan transparente que la luz del sol se nota casi perfecta, los rayos atraviesan como hilos de plata.

Seguimos avanzando cada vez más profundo, en la media que el cauce del río se ensancha llegamos a una pequeña ensenada, muy cómoda donde encontramos cientos de ostras,
alargadas, firmemente aferradas a las rocas, sus caparazones parecen almendras gigantes
y escasamente se puede advertir el pie con el que se aferran entre el cieno que cubre esta área; aquí un delfín rosado se nos acerca, nos da la bienvenida y gira en nuestro rededor retozando con alegría. Durh le saluda, claro, son viejos amigos, el delfín nos invita a acércanos a varias ostras las roza con su hocico y ellas suavemente se abren y nos muestran su más preciado tesoro esas pequeñas, brillantes y amorfas perlas, los visos, de su nácar, contrastan con la luz que se filtra por la superficie del agua. Hay de todos los colores: rosadas, grises, cremosas, algunas mas redondas, allá hay algunas más amarillas, aquí unas más rojizas... miren las de allí ¡¡ son casi verdes ¡¡ cuanta belleza hay aquí¡

Algunas de estas ostras se acercan a nosotros y nos obsequian su perla, yo tomo una de color gris violeta, muy brillante, sedosa y me siento a observarla con detenimiento. El delfín rosa se posa en el fondo y me mira me dice: ¿sabes cómo surgió? y le digo, sí, una piedra que se filtró y ella la cubrió con nácar. Me dice, si ,¿ pero la reacción? le digo: no la tengo clara. Entonces me explica: “Mira, la perla se forma de una herida, cuando la ostra se alimenta, debe abrirse ligeramente, absorber el agua para filtrar el alimento pero algún pequeño gránulo de arena, tan diminuto, pasa, y se clava en su carnoso cuerpo, desprotegido, muy vulnerable.

Ella de dolor se aprieta, cierra con fuerza su concha y comienza a sanarse... ese granito de arena, es para ella tan grande y doloroso, que la hace generar el nácar, con el que le va envolviendo, pero no logra sacarlo entre más lo cubre, más le genera dolor, pero ella se acostumbra, y lucha por su vida es tal la lucha, que pone todo su empeño, da lo mejor de sí misma, su esencia, su brillo, su capacidad de construir y crear, es lo que forma el nácar, capa tras capa fuerte, resistente al final, el grano de arena queda en el centro y ella puede dar vida a una de las joyas más apetecidas de la naturaleza el único ser viviente capaz de crear una JOYA transforma algo insignificante en algo tan maravilloso”

Quedo extasiada al observar mi perla y entiendo el enorme sacrificio y el arduo trabajo de la ostra así que le digo, muy agradecida y llorando, que gracias, su dolor hoy es un regalo para mí entonces, Durh me dice: “Mira chiquita así es que puedes convertir el dolor en algo magnífico cada herida, ocasionada por algo que se ha filtrado del exterior a tu ser, puedes transformarlo, con amor, paciencia, tesón y fe, en una joya que adornará tu vida, y los demás podrán extasiarse con ella, son todos tus dones, tus habilidades, tus proyectos, transfórmalos en joyas si alguien te causa una herida, conviértela en un motivo de orgullo, en algo que valga la pena cada esfuerzo y esto mi pequeña, es un trabajo que solo tú puedes hacer, solo tú tienes la capacidad de tornar ese granito de arena en una magnífica perla.


Abrazo a Durh muy emocionada y cuando vuelvo a mirar la ostra, ella está totalmente abierta, pero muerta. Ha dado su vida por esta preciada pieza, y de igual modo su concha brilla, cubierta de nácar en el interior. Aunque por fuera, es áspera, oscura, de aspecto poco apetecible, entiendo entonces que es su coraza su protección para salvaguardar este magnífico tesoro. Así que, ahora, con mi preciada perla comienzo el camino de regreso a la orilla, tomada de la mano con Durh y en silencio. Vamos saliendo a la orilla y ahora sé, que aunque no puedo evitar que algo entre y me dañe sí puedo transformarlo, sí puedo controlar cómo me afecte y volverlo una joya para mí
y si al final, puedo compartir su brillo con los demás, será un regalo adicional

martes, 7 de julio de 2009

Nadando con Isthar, el delfín blanco



Hoy, mi amigo Durh, mi encantador guía de Cristal, me llevará a nadar un buen rato con nuestro viejo amigo Isthar, el delfín blanco. Estoy muy contenta, porque este es un paseo fabuloso.

Nos vamos tomados de la mano, volando suavemente desde casa, pasamos por las nubes, suaves, refrescantes, jugueteamos un poco mientras vamos rumbo al mar. A lo lejos, alcanzo a divisar la playa de colores. En el horizonte, veo al sol jugar con sus rayos, dibujando fulgores dorados, verdes, carmesí, plateados, sobre las crestas de las olas, y ellas parecen gozar tanto como el mismo astro.

Bajamos a la playa. Hum... que sensación... la arena es tan fina, luminosa, suave, pequeños granos transparentes, pero a la vez, llenos de color, parecen pequeños prismas y cada uno contiene un arco iris en su interior. Saltando sobre las olas, salpicandonos a gusto y dando sonidos agudos, nos saluda Isthar, incitándonos a entrar al mar y seguirle en el juego. Claro, entramos sin dilación alguna, y llegamos a un grupo de olas, estas parecen sostenernos, entonces, me entrega un pequeño cuenco de cristal, con una dulce agua azulada con visos de plata. Me dice Durh:
toma pequeña, bébe, esta agua te permitirá nadar a gusto en las profundidades sin preocuparte por respirar, podrás ver, escuchar, hablar, igual que nosotros.


Apuro el brebaje, sabe a... agua burbujeante, como si estuviera hecha con la espuma misma del mar. Siento entonces cómo mi cuerpo se va transformando, y me vuelvo de ... agua ¡¡¡ Tomo a Isthar de su aleta dorsal, y junto a Durh, vamos bajando, voy observando cómo el agua va cambiando de colores, de azul verdoso, lleno de pequeños seres brillantes, cristalinos, traslúcidos... nerviosos... pasando a aguas que se van tornando cada véz mas oscuras, de un azul índigo, mas densas, es como ir bajando a una dimensión diferente. En el trayecto, nos van acompañando muchos seres, ballenas, orcas, mantarayas, cientos de peces de muchas formas y colores, y nos van dejando en la medida que la inmersión es a mayor profundidad, dando paso a nuevos seres, biolumincentes, que con sus fulgorosos visos nos van iluminando el camino, mientras juguetean entre nosotros.

Finalmente, llegamos al fono, aquí, la arena es gruesa, densa, pero está llena de vida, surgen peces planos, gusanos, calamares y muchos animales que no conozco, pero todos nos saludan con alegría. Hay luz, no se donde proviene, pero el espacio está cálidamente iluminado. Me invitan a sentarme en un pequeño morro formado por rocas, algo ásperas, pero de bonitas texturas. Me acomodo, mientras mis nuevos amigos se van tranquilizando y reposan al rededor. Entonces Isthar, se hace al centro, y comienza a soltar pequeños aros de burbujas, que va dilatando con su hocico, es un juego fabuloso ¡¡ Me los pasa, y yo hago lo mismo, al poco rato, estamos todos juando con estos aros de burbujas, parecen mangueritas luminosas, pues brillan al ser formadas por magníficas burbujas pegadas entre sí, hasta q se disuelven en el agua. Los caballitos de mar, me traen delciosas algas, y otros frutos marinos, nunca había probado algo tan suave, refrescante, vitalizante.

Nuevamente el delfín toma lugar, y comienza a escarbar la arena, sacando una bella flor cristalina, de pétalos color violeta muy traslúcios, pareciese que se fuera a romper dado lo delgados que son, pero no, resisten. Entonces se eleva, y la hace girar suavemente, retrocede, ya que esta flor comienza a aumetar su velocidad, el sonido es como de campanas de cristal que va volviendose un zumbido, va agudizandose en la media que el centro de la flor se abre. Durh me explica: "es una mandala, saldrán luces de colores que te servirán para tu salud". Veo entoces que comienza a salir un haz de luz rojiza, que comienza a extenderse y llega a mi cintura, allí se disuelve; siento calor, y cierro mis ojos un momento. Luego, surge una luz naranja muy suave, a la altura de mi ombligo, me envuelve toda la zona, dándome la sensación de limpiar, de tranquilizar y me siento muy cómoda ahora, felíz. En seguida, viene una luz de color dorado, amarillos, como rayos de sol, bellísima, llega a mi abdomen,, inundándolo de un sentimiento amoroso, me siento abrazada, muy emocionada. Ahora, surge una verde, parecen rayos de esmeraldas, y toca mi pecho suavemente, envolviéndolo en una sensación reconfortante y muy cálida; para mi garganta, hay una luz azul, tan pura, tan clara, que parece que mi voz va a tomar esa misma escencia. Sube a mi frente, una ola de color violeta, penetrando de un modo tan sutil pero firme, que mi interior se inunda con esta energía, y finalmente, a la cabeza, un haz de luz de colores, casi blanquesina brillante. Cierro los ojos, porque siento cómo todo en mi interior comienza a girar, a moverse... entonces Durh, trae un cristal que parece plata, un polihedro formado por triángulos y muchas puntas... lo inserta suavemente en mí cabeza y su energía va bajando, hasta sacar por los pies, toda aquella que estaba estancada.

Ahora me siento renovada. Como aún soy de agua, veo todo el flujo de la energía moverse através de mi cuerpo. Al final, Isthar y Durh me abrazan, y yo a ellos. Entiendo que me han dado un bello regalo y así lo acepto. Es maravilloso. Ha llegado el momento de volver, para lo cual, de la flor ahora surge un remolino verde, yo me hago en el centro, y me va subiendo tan rápido pero tan suavemente, que no siento ninguna molesta en el ascenso. Finalmente, con Durh de la mano, retornamos a la playa, allí me siento a dar las gracias a Isthar, quién se va saltando jugando a romper los rayos de plata que la luna, ahora en lo alto del cénit, dibuja sobre la tranquila superficie del mar.

Hasta pronto viejo amigo, pronto nos volveremos a ver.

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