Son pasadas las 6am, mi hija se acerca
y mira por la ventana de mi cuarto,
maravillada me dice: "mira mami,
qué hermoso amanecer ¡"
La abrazo y juntas contemplamos
por unos minutos los brillos del sol
que puja por salir entre las nubes que
perezosas se levantan del cerro,
entre la brisa fría de la mañana,
el apuro de los vehículos, la gente corriendo,
y la hora de partir al colegio...
Breves minutos, que absortas, aún abrazadas,
disfrutamos como solo se puede cuando vemos
el regalo que Dios nos da cada día, y le dimos
gracias por obsequiarnos un bello amanecer,
dibujado con la maestría que solo su amor y
la vida misma, generan a cada segundo.
A veces, detenernos a mirar las nubes,
aunque otros nos tilden de distraídas, nos regocija
y nos enseña a apreciar que Dios está en esos
detalles que solo duran...
un segundo eterno