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lunes, 15 de junio de 2009

El Refugio de Isabel

Isabel es una amiga, una bella hada de los bosques de cristal, donde el viento huele a jazmín, y sabe a amapolas.

Ella hoy me invita a conocer su Refugio, en la tierra de las hadas con alas de mariposa, alas de cristal de rayo de luna.

Para ir a su casa, me obsequia un hermoso juego de alas de cristal violeta, son grandes, brillantes, sutiles, huelen a lavanda fresca y tienen chispas de estrellas. Así que tomo las alas, le doy las gracias y comenzamos a volar, vamos ascendiendo suavemente, sin prisas, por entre la ciudad, luego por entre las nubes, jugando con los cúmulos y estirándolas suavemente, dibujando ondas, o atravesándolas para sentir esa suave humedad que es tan refrescante, y ver cómo los rayos del sol, dibujan entre cada nube, arco iris que las gotas de agua atrapan y atesoran como si fueran su más preciado tesoro.

Llegamos a un borde del espacio, allí donde están las nubes, el sol, el viento, y la entrada a las dimensiones de luz. Llegamos a una bella flor, se forma de nubes, de cristales de hielo, de brillos y suena como el cristal mas fino al solo rozarla con la punta de mis dedos. Isabel me invita a abrir el portal. Al tocarlo, comienza a girar hacia la derecha, sus pétalos se extienden en todas las dimensiones, formando en el centro, un pequeño torbellino, que se va convirtiendo en un túnel. El sonido es bellísimo, parecen cientos de flautas de cristal y vibran tan suavemente, que solo puedo sentirme extasiada, feliz por estar aquí. Entramos, y vamos volando despacio, nos reciben miles de pequeñas chispas de luz de colores, haladas, revoltosas, cantarinas, son muy divertidas, y nos guían a un tobogán de colores; aquí el arco iris, dibuja bellas figuras, juega con el aire y cada color tiene un giro, un olor, un sabor, una temperatura, una textura, y un sonido propios. Me voy por el violeta, descendiendo muy rápido, y pareciera q de mi alegría, hace que el tono del tobogán cambie y entre más reímos con Isabel, mas giros y saltos nos dan, y las hadillas chisporretean entre nosotras y revuelven en su venir, los tonos haciendo unas gamas increíbles, todo brillante, alegra, y sutil.

Al final, llegamos a un hermoso claro, en el bosque de cristal. Allí, frondosos árboles, sauces, robles, pinos, ébanos, cedros, y tantos otros que no reconozco, nos saludan, sus ramas y hojas se mueven tan suavemente, que el sonido es intenso, cristalino, parecen estar felices de vernos y nos reciben esparciendo a nuestro paso, sus hojas transparentes, que al tocarlas, desaparecen en un halo de luz brillante despidiendo aromas mágicos.

Pasamos el bosque, hasta un pequeño valle, donde hay un lago de aguas plateadas, con visos iridiscentes de un azul índigo muy intenso. Allí, nos espera Isthar, un viejo y querido amigo delfín. Nos invita a entrar. Yo le pregunto, Isthar? qué haces tan lejos de tu mar? y se ríe, me dice: "el mar es solo un lugar que identificas, yo puedo estar en cualquier elemento, porque soy sin ser y estoy sin estar, estamos en el reino mágico, todo es posible, porque no existen las dudas aquí". Así que, entramos al lago, y pierdo a Isabel, supongo ella, irá a jugar con sus amigos, y yo voy con mi delfín a nadar. Al entrar al agua, voy transformándome en sirena, mis alas de cristal, se funden con mi cabello, que ahora parecen hilos de agua cristalina, y mi piel, se cubre de escamas de oro, plata, rayos de sol y luna.

Jugar, saltar, romper las aguas, que también se divierten enredándose entre mis cabellos, entre mis manos fluye como si fueran parte de mí. Y cada vez, bajamos mas, nos acompañan mas delfines, manta rayas, ballenas, peces de todos los colores y tamaños que juegan junto a mí. Entre giros y torbellinos, llegamos al suave fondo. Es tan hermoso este lugar, la arena blanca, suave, se mueve como el humo al rozarla, y me siento en una pequeña roca. Aquí, todos toman un lugar, y nos reunimos. Llega Isabel, y toma su lugar en la pequeña fiesta. Nos convidan algas, de sabor crujiente y dulce, de un verde esmeralda magnífico. La gran ballena, se acerca y nos entrega una flor, grande, hermosa, de colores naranjas, rojos, amarillos; sus pétalos, parecieran formados por flamas de fuego y toques de rubíes. La tomo entre mis manos, y ella comienza a girar, suavemente, y se abre, formando un bello remolino ascendente. Despide chispas de colores.

Nos invade una sensanción de calor, abrazador, purificador, es como si estos cristales entraran a mi piel, a mi cuerpo y fueran limpiando, destruyendo aquello que adentro nos hace daño. No se cuanto tiempo pasa, pero me encanta sentir como estoy siendo sanada aquí. No hay dolor, ni tristeza, solo alegría, regocijo y paz. Luego, la flor cambia de color, a verdes, azules, violetas, y vuelve a comenzar, cada giro de color nos envuelve igual, y también va llenando cada parte de mi ser, de mi cuerpo. Vuelvo a ser yo, floto entera en este espiral y el sonido que escucho es tan bello, tan elevado, que me dejo llevar, y al hacerlo, me van dejando suavemente en la orilla del lago. Al salir, me rodean las hadillas y me cubren con una túnica de cristal. Me dicen, esta es tu nueva vestidura, hecha con los más puros cristales de agua vital, hilados con los lazos que solo el amor puede tejer. Me ofrecen miel, dorada, aromática, huele a azahares, nardos; sabe a orquídeas, a vainilla, a canto, a vida, al calor del día.

Me siento feliz y entonces llega el momento de regresar. Asciendo suavemente, en un haz de luz dorada, formado por todas nuestras traviesas amiguillas, y veo, como toda esta bella dimensión brilla y se despiden con alegría. Llego de nuevo a la flor, a la gran puerta de cristal, la atravieso, con la certeza que podré volver cada vez que necesite re-encontrarme con mi propio mundo interior. Cierro girando la flor hacia la izquierda, y del mismo modo que al inicio, sus pétalos se pliegan sobre sí, hasta desaparecer entre la brisa y las nubes.

Agradezco a Isabel por llevarme a su refugio y por enseñarme que para estar en un mundo mágico, solo debo dejar volar mi imaginación.

1 comentario:

Enrique dijo...

Genial AnaCris,

Se lo leí a mi hija y se quedó con la boca abierta. ¡Que imaginación!

Tienes talento para la escritura.

Un abrazo,
Enrique

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