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martes, 7 de julio de 2009

Nadando con Isthar, el delfín blanco



Hoy, mi amigo Durh, mi encantador guía de Cristal, me llevará a nadar un buen rato con nuestro viejo amigo Isthar, el delfín blanco. Estoy muy contenta, porque este es un paseo fabuloso.

Nos vamos tomados de la mano, volando suavemente desde casa, pasamos por las nubes, suaves, refrescantes, jugueteamos un poco mientras vamos rumbo al mar. A lo lejos, alcanzo a divisar la playa de colores. En el horizonte, veo al sol jugar con sus rayos, dibujando fulgores dorados, verdes, carmesí, plateados, sobre las crestas de las olas, y ellas parecen gozar tanto como el mismo astro.

Bajamos a la playa. Hum... que sensación... la arena es tan fina, luminosa, suave, pequeños granos transparentes, pero a la vez, llenos de color, parecen pequeños prismas y cada uno contiene un arco iris en su interior. Saltando sobre las olas, salpicandonos a gusto y dando sonidos agudos, nos saluda Isthar, incitándonos a entrar al mar y seguirle en el juego. Claro, entramos sin dilación alguna, y llegamos a un grupo de olas, estas parecen sostenernos, entonces, me entrega un pequeño cuenco de cristal, con una dulce agua azulada con visos de plata. Me dice Durh:
toma pequeña, bébe, esta agua te permitirá nadar a gusto en las profundidades sin preocuparte por respirar, podrás ver, escuchar, hablar, igual que nosotros.


Apuro el brebaje, sabe a... agua burbujeante, como si estuviera hecha con la espuma misma del mar. Siento entonces cómo mi cuerpo se va transformando, y me vuelvo de ... agua ¡¡¡ Tomo a Isthar de su aleta dorsal, y junto a Durh, vamos bajando, voy observando cómo el agua va cambiando de colores, de azul verdoso, lleno de pequeños seres brillantes, cristalinos, traslúcidos... nerviosos... pasando a aguas que se van tornando cada véz mas oscuras, de un azul índigo, mas densas, es como ir bajando a una dimensión diferente. En el trayecto, nos van acompañando muchos seres, ballenas, orcas, mantarayas, cientos de peces de muchas formas y colores, y nos van dejando en la medida que la inmersión es a mayor profundidad, dando paso a nuevos seres, biolumincentes, que con sus fulgorosos visos nos van iluminando el camino, mientras juguetean entre nosotros.

Finalmente, llegamos al fono, aquí, la arena es gruesa, densa, pero está llena de vida, surgen peces planos, gusanos, calamares y muchos animales que no conozco, pero todos nos saludan con alegría. Hay luz, no se donde proviene, pero el espacio está cálidamente iluminado. Me invitan a sentarme en un pequeño morro formado por rocas, algo ásperas, pero de bonitas texturas. Me acomodo, mientras mis nuevos amigos se van tranquilizando y reposan al rededor. Entonces Isthar, se hace al centro, y comienza a soltar pequeños aros de burbujas, que va dilatando con su hocico, es un juego fabuloso ¡¡ Me los pasa, y yo hago lo mismo, al poco rato, estamos todos juando con estos aros de burbujas, parecen mangueritas luminosas, pues brillan al ser formadas por magníficas burbujas pegadas entre sí, hasta q se disuelven en el agua. Los caballitos de mar, me traen delciosas algas, y otros frutos marinos, nunca había probado algo tan suave, refrescante, vitalizante.

Nuevamente el delfín toma lugar, y comienza a escarbar la arena, sacando una bella flor cristalina, de pétalos color violeta muy traslúcios, pareciese que se fuera a romper dado lo delgados que son, pero no, resisten. Entonces se eleva, y la hace girar suavemente, retrocede, ya que esta flor comienza a aumetar su velocidad, el sonido es como de campanas de cristal que va volviendose un zumbido, va agudizandose en la media que el centro de la flor se abre. Durh me explica: "es una mandala, saldrán luces de colores que te servirán para tu salud". Veo entoces que comienza a salir un haz de luz rojiza, que comienza a extenderse y llega a mi cintura, allí se disuelve; siento calor, y cierro mis ojos un momento. Luego, surge una luz naranja muy suave, a la altura de mi ombligo, me envuelve toda la zona, dándome la sensación de limpiar, de tranquilizar y me siento muy cómoda ahora, felíz. En seguida, viene una luz de color dorado, amarillos, como rayos de sol, bellísima, llega a mi abdomen,, inundándolo de un sentimiento amoroso, me siento abrazada, muy emocionada. Ahora, surge una verde, parecen rayos de esmeraldas, y toca mi pecho suavemente, envolviéndolo en una sensación reconfortante y muy cálida; para mi garganta, hay una luz azul, tan pura, tan clara, que parece que mi voz va a tomar esa misma escencia. Sube a mi frente, una ola de color violeta, penetrando de un modo tan sutil pero firme, que mi interior se inunda con esta energía, y finalmente, a la cabeza, un haz de luz de colores, casi blanquesina brillante. Cierro los ojos, porque siento cómo todo en mi interior comienza a girar, a moverse... entonces Durh, trae un cristal que parece plata, un polihedro formado por triángulos y muchas puntas... lo inserta suavemente en mí cabeza y su energía va bajando, hasta sacar por los pies, toda aquella que estaba estancada.

Ahora me siento renovada. Como aún soy de agua, veo todo el flujo de la energía moverse através de mi cuerpo. Al final, Isthar y Durh me abrazan, y yo a ellos. Entiendo que me han dado un bello regalo y así lo acepto. Es maravilloso. Ha llegado el momento de volver, para lo cual, de la flor ahora surge un remolino verde, yo me hago en el centro, y me va subiendo tan rápido pero tan suavemente, que no siento ninguna molesta en el ascenso. Finalmente, con Durh de la mano, retornamos a la playa, allí me siento a dar las gracias a Isthar, quién se va saltando jugando a romper los rayos de plata que la luna, ahora en lo alto del cénit, dibuja sobre la tranquila superficie del mar.

Hasta pronto viejo amigo, pronto nos volveremos a ver.

1 comentario:

Silvia dijo...

Muy bonito Ana!:)un abrazo!

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