Translate

lunes, 25 de mayo de 2009

El tono de las palabras

Decimos, hablamos, conversamos, escribimos… Pero realmente qué tono usamos?

Nos esforzamos por parecer eruditos ante los demás, usamos retórica complicada con palabras de uso poco usual, y nos fijamos si el tono que estamos usando desvirtúa el sentido de lo que queremos decir? Pocas veces lamentablemente.

Al responder sin medir el tono podemos caer en varias trampas sin darnos cuenta, dentro de estas la más común, apocar la experiencia de otros, y la que sigue, NO reconocer que NO tenemos las respuestas para todas las preguntas, también negamos nuestras propias dudas que muchas veces otros “valientes” las hacen y ups, el ego nos patea directo al hígado diciendo… “SHIT NO PREGUNTES, quedas mal”.

Es tan grande nuestro ego que nos impide ver más abajo que nuestra propia visión.
Es tan grande nuestro conocimiento que vemos superfluo el de los demás.
Es tan inmensa nuestra ignorancia, que nos aterra ahogarnos en ella.
Somos tan obstinados que cerramos las puertas a lo desconocido sin esgrimir argumentos.
Entonces…. Para qué hemos estudiado tanto?

Acumular y acumular conocimientos es lo que más importa para satisfacer nuestro ego… sin darnos cuenta que es como el agua que desborda la taza si se sigue llenando y no se comparte con generosidad. De este modo los conocimientos se vuelen arcaicos, se añejan, hasta se pudren, perdemos credibilidad, confianza y valía, pero ante los demás? NO. Ante nosotros mismos. Es como entrar a una vieja biblioteca que ha estado cerrada por años, y al abrir sus viejas puertas, solo hallamos polvo, telarañas y mal olor.

Han visto una biblioteca de barrio? Los chiquillos revolotean con los libros en sus manos, ávidos de conocimientos, recorren las líneas de texto con sus dedos y tartamudeando leen emocionados aquellos signos nuevos que les enseñan un nuevo mundo.

Desde cuando entonces, al volvernos “adultos” perdemos la capacidad de emocionarnos ante un nuevo aprendizaje? Lo damos todo por sentado, somos infalibles, llevamos los años de las marras haciendo esto o aquello, ya lo hemos aprendido todo… lo nuevo… lo hacemos a un lado. Esto que refleja? Solo el temor a lo desconocido.

Qué sentido tiene una palabra, una frase o una pregunta? Hay implícita en todas ellas la intención de obtener un conocimiento, una respuesta, resolver una duda, que sea con más preguntas y nuevas dudas, sea pues ¡ esto es construir conocimiento. Entra entonces a jugar el tono con el que digamos las cosas. Escribimos como hablamos, hablamos como pensamos, pensamos como sentimos y sentimos como vivimos. Somos coherentes al escribir tal como vivimos? Generalmente lo hacemos de modo inconsciente, vamos, yo doy la respuesta precisa… guiados por el sentimiento de turno, y este puede ser muy inconsciente o muy consiente y dar la respuesta esperada o agredir al que la espera.

Yo misma he caído recurrentemente en este error. Pero vale aprender, cuando otra persona nos hace caer en cuenta del equívoco, o la reacción generada está fuera de lo previsto, es solo lo que hemos generado, y seguramente contrario a lo que deseamos, así que solo, escribir en el modo en que yo quiero que me respondan, es quizás la mejor forma de comunicarme con los demás en forma armoniosa y coherente.

Invitación a tomar el te

Hace poco más de 7 años me encontré con una amiga que no conocía y me invitó a tomar el te.

Fue una gran sorpresa, yo siempre pensé que andaba sola, qué bueno, así no tenía responsabilidades, compromisos, no me importaba nada ni nadie, hacía lo que se me venía en gana, me pasaba de lista y ya, tranquila, sin más, Dios me aguantaba así y qué, decía yo.

Pero, un día, en medio de una fuerte tormenta que amenazaba derrumbarlo todo, arrasar con todo, truenos, lluvia torrencial, temblores, una noche de agonía total, se presentó esta amiga, algo fría, claro, era de madrugada y en Bogotá hace frío en la madrugada.... y me dijo: ven negrita (así me dicen en mi familia, porque mis hermana parecen dos quesos campesinos.... ) ven, siéntate a mi lado, y me miró con sus gélidos ojos penetrantes, y con su perfecta y delineada sonrisa que dejó ver los más perfectos y alineados y blancos dientes que jamás he visto en mi vida.

Yo algo perpleja, un poco anonadada, comprenderán, mis hijos dormían en mi cama en la tercera planta de la casa, a esa hora, casi las 3am, y mi marido roncaba la borrachera en la segunda planta, y ella me ha dicho sentándose cautelosamente aliando su fina ropa con su larga y fina mano, mira querida, vamos a dejarnos de pendejadas.

Yo casi me muero de la impresión, le dije: pendejadas? a qué te refieres?
- a que vienen tantas lágrimas y gimoteos ahora querida?
Puso su mano sobre mi hombro y quedé como cubo de hielo.
-pues, es que mi marido me hace.....
- ajá, y quién mas?
- mi papá, mi mama, mis hermanas, mis hijos, los abuelos, mis profesores.... empecé una perolata de quejas y una retahíla de acusaciones bárbaras y ella apenas sonreía, casi como una mueca --- es que todos me han echo daño ¡¡¡ decía yo casi enfurecida al límite, mi amiga, apenas tomaba la tasa del té con su fina mano y la llevaba a la comisura de sus labios (¿'?) o era lo que yo creía ver, me decía - sigue, sigue contándome---- y yo, bueno, culpé hasta el perro de la Víctor por todo lo mala que era mi vida, era asquerosa, no servía para nada, mis hijos no merecían semejante esperpento de madre, mis hermanas que vergüenza, ellas con éxito profesional y yo? Nada, tanto estudiar, para nada, no soy nada - le decía casi vociferando para que me escuchara, pues su rostro era inmutable.

Jadeando con mucho esfuerzo por dar coherencia a mis palabras y poder justificar cada uno de mis errores, que claro, son responsabilidad del universo y no mía, decía yo con toda firmeza, mientras ella lentamente servía una segunda tasa de té.
-Mira negrita, hoy he viendo a escucharte, a prestarte un espejo, mira, anda, qué ves?
- una persona que no soy yo, esta es muy flaca, está pálida, huesuda, es el vivo rostro de la muerte, no tiene corazón, no piensa, está llena de rabia y de dolor, no, esa NO PUEDO SER YO. Y le tiré el espejo lejos. Ella solo miró fríamente, y me dijo, anda, apura tu té, se enfría. Yo tiré la tasa también y el té se heló en su mirada. Yo, igual.
- mira negrita querida, la vida es de quién la vive, la pelota de quién la juega, las acciones de quien las hace y las consecuencias de todo las asume quien dirige el juego de la vida, y la vida es de cada quién, entiendes?
- NO. No es así, eso no es verdad. Yo no soy culpable de nada, a mí me han hecho, a mí me han lastimado, a mí no me quieren ¡¡¡¡¡ Ellas son bonitas, yo fea, ellas grandes, yo chiquita ¡ uso gafas, tengo un marido que me maltrata, yo me merezco todo lo malo, soy mala madre, no merezco a mis hijos, - entre más gritaba yo, más fría se ponía mi amiga- y yo no voy a reconocer que la culpa es mía, de NADA - dije tajantemente.


Sin musitar palabra se levantó y me cogió al vuelo y me dijo:
-Mira, Dios pocas veces da segundas oportunidades, da una vez la vida y se limita a ver como sus hijos hacen tortas y panochas con ella, le duele ver como la desperdician, se alegra cuando la aprovechan, pero a cada quién le da lo que le corresponde, lo que ha sembrado y aún así, les espera con su amor eterno a consolarles o a reír con ellos. Algo tienes que aprender AHORA, mira sobre tu hombro, que ves?

Vi entonces a mis hijos dormidos, abrazados, Dany de 7 años, Sara de 2.

- vas a rendirte ahora? Vas a dejarlos solos? Ellos te necesitan, ellos dependen de ti para aprender a vivir, y estas botando tu vida por que? Te voy a decir una pequeña cosa: estás en mis manos, mérame bien, porque la próxima vez que nos veamos, no estará Dios interponiéndose y serás mía-

- Gracias por el té, amiga mía- me dijo soltándome con suavidad y dejándome con la sensación más desagradable de mi vida: me dolía el pecho, tenía medio cuerpo paralizado, dormido, mi corazón luchaba por bombear sangre y mis pulmones por recibir un poco de aire, mis oídos solo escuchaban el tic tac del reloj y mi respiración agonizante. Entonces entendí, no, este té no lo quiero tomar de nuevo contigo. Así que MUERTE, no retrocederé. Le pedí a Dios con todas mis fuerzas que no me dejara ir con ella, me miraba desde un rincón, detrás de mi marido que me miraba aún ebrio y sin saber que hacer, le pedí a Dios que no cejaría en mi empeño por recuperar mi vida, salir de la anorexia y aprender a vivir.

Y volví a vivir.

Ahora cuando tomo mi primera taza de té diaria, digo: Gracias amiga, este té
es en tu honor. Dios, gracias por darme una segunda oportunidad de vida, y te juro
que trato de hacer las cosas de la mejor manera debida.

-----------------

A mi amiga la Muerte, Dic 29 - 2001

Follow by Email

Buscar este blog