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lunes, 5 de abril de 2010

Viaje con Isthar

Para comenzar un nuevo viaje, espero a uno de mis grandes amigos:  Ishtar, mi delfín.  

Fuimos por encima del mundo... subimos al universo, a un lugar mágico.... muy alto, muy lejos, otra dimensión en el espacio, al llegar, en medio del espacio oscuro tachonado de brillantes y lejanas estrellas, veo un halo de pequeños cristales de luz, blanquesinos, con un brillo azul claro, flotaban y giraban tan lentamente ... al verlos, me dijeron, puedes tomarlos, tócalos y disfruta... bajé donde estaban los cristales, fue como entrar a un lugar líquido... suave, transparente, y al tocarlos ellos flotaban en mis manos, bellos, irradiaban paz... me dijeron, reconócelos, son los cristales de Kryón, algunos estaban con los símbolos... otros... no, al rededor, habían muchos códigos, sutiles, transparentes, y el sonido era como campanillas de cristal, muy suaves... Me dijeron, son los mismos cristales que tantas veces os hemos entregado, son activadores, luz, energía, amor, sanación, están en vosotros, en el planeta entero... son los mismos... me sentí enormemente privilegiada al estar allí

Llegó Isthar con sus hermanos, cientos de delfines, y me invitaron a nadar por este inmenso espacio líquido... así que me fui con ellos, nadando, estirando mis brazos y saltaba, sin esfuerzo, mi cuerpo iba al ritmo de ellos, era increíble la sensación de total libertad... fuimos hasta rincones lejanos en este universo mágico, ví cientos de galaxias a lo lejos, y todo este lugar con esa maravillosa sensación de paz, de luz, de oscuridad y brillo... esa fluidéz de ese líquido suave... que nos contenía y contiene todo el universo.  

Al final me llevaron a una orilla, desde donde debía regresar, allí, Isthar y uno de sus hermanos se me acercaron, él, me abrazó y me miraba con tanto amor, yo le dije cuanto le amo y agradezco su compañía, su guía, sus enseñanzas y se fueron a lo lejos, yo regresé a mi cuerpo, pero llena de esa mágica sensación que da la paz interior, y ese amor inmenso que forma el universo... y con nostalgia por abandonar ese lugar, pero con la certeza, que volveré a encontrarlos y seguramente, ir junto a ellos, o a Kirka, el águila, a algún otro lugar maravilloso

miércoles, 8 de julio de 2009

El regalo: La perla


Para comenzar este viaje, soltemos todo aquello que emocionalmente, mental y física nos impida ir libremente de disfrutar de este momento. Invoquemos a nuestro ser, decretando que será él quien por el amor y nuestra esencia divina, nos guiará en este mágico viaje. Llega Durh con su encantadora sonrisa y nos abraza. “Vamos a ir por perlas, por mágicas perlas” nos dice con emoción.

Nos guía a un valle tranquilo, verde, rebosante de luz, de brisa y olores a primavera, en ésta época comienza a brillar el sol con mucha fuerza, el verano ronda y todo parece llenarse de flores, frutos que comienzan a crecer en las copas de los árboles pichones de muchas avecillas revoloteando en un tremendo jolgorio pidiendo a sus padres más comida, ellos, afanosamente van y vienen, sin detenerse a mirarnos procuramos caminar sin ruido, claro que el prado es tan suave, que parece ceder a nuestros pasos sin quebrarse, sin hacer ruido.

Vamos a pasar una cueva, en un pequeño cerro, la roca es de color marmoleada, formada por brillantes granos de colores de matices verdosos, negros y jaspeados; entramos a la ancha caverna, es muy luminosa, la misma roca tiene un bello destello blanquecino que nos sirve para ver el camino. Salimos, a un valle aún mas maravilloso, surcado por un gran río. Durh nos invita a entrar en él, aunque se ve caudaloso, su sonido es tan agradable, el agua fluye, cantarina, fresca, sus aguas se ven tan refrescantes que entramos en ellas sin duda, y se siente gran regocijo al hacerlo; vamos sumergiéndonos en sus aguas, vemos muchos pececillos pasar por nuestro lado renacuajos, salamandras, lagartijas, ranas y muchas larvas de insectos aferradas a las raíces de plantas en la orilla. Comenzamos a caminar por el fondo, un lecho rocoso cubierto de preciosos guijarros tan redondeados, tan suaves que parecen de seda. El agua es tan transparente que la luz del sol se nota casi perfecta, los rayos atraviesan como hilos de plata.

Seguimos avanzando cada vez más profundo, en la media que el cauce del río se ensancha llegamos a una pequeña ensenada, muy cómoda donde encontramos cientos de ostras,
alargadas, firmemente aferradas a las rocas, sus caparazones parecen almendras gigantes
y escasamente se puede advertir el pie con el que se aferran entre el cieno que cubre esta área; aquí un delfín rosado se nos acerca, nos da la bienvenida y gira en nuestro rededor retozando con alegría. Durh le saluda, claro, son viejos amigos, el delfín nos invita a acércanos a varias ostras las roza con su hocico y ellas suavemente se abren y nos muestran su más preciado tesoro esas pequeñas, brillantes y amorfas perlas, los visos, de su nácar, contrastan con la luz que se filtra por la superficie del agua. Hay de todos los colores: rosadas, grises, cremosas, algunas mas redondas, allá hay algunas más amarillas, aquí unas más rojizas... miren las de allí ¡¡ son casi verdes ¡¡ cuanta belleza hay aquí¡

Algunas de estas ostras se acercan a nosotros y nos obsequian su perla, yo tomo una de color gris violeta, muy brillante, sedosa y me siento a observarla con detenimiento. El delfín rosa se posa en el fondo y me mira me dice: ¿sabes cómo surgió? y le digo, sí, una piedra que se filtró y ella la cubrió con nácar. Me dice, si ,¿ pero la reacción? le digo: no la tengo clara. Entonces me explica: “Mira, la perla se forma de una herida, cuando la ostra se alimenta, debe abrirse ligeramente, absorber el agua para filtrar el alimento pero algún pequeño gránulo de arena, tan diminuto, pasa, y se clava en su carnoso cuerpo, desprotegido, muy vulnerable.

Ella de dolor se aprieta, cierra con fuerza su concha y comienza a sanarse... ese granito de arena, es para ella tan grande y doloroso, que la hace generar el nácar, con el que le va envolviendo, pero no logra sacarlo entre más lo cubre, más le genera dolor, pero ella se acostumbra, y lucha por su vida es tal la lucha, que pone todo su empeño, da lo mejor de sí misma, su esencia, su brillo, su capacidad de construir y crear, es lo que forma el nácar, capa tras capa fuerte, resistente al final, el grano de arena queda en el centro y ella puede dar vida a una de las joyas más apetecidas de la naturaleza el único ser viviente capaz de crear una JOYA transforma algo insignificante en algo tan maravilloso”

Quedo extasiada al observar mi perla y entiendo el enorme sacrificio y el arduo trabajo de la ostra así que le digo, muy agradecida y llorando, que gracias, su dolor hoy es un regalo para mí entonces, Durh me dice: “Mira chiquita así es que puedes convertir el dolor en algo magnífico cada herida, ocasionada por algo que se ha filtrado del exterior a tu ser, puedes transformarlo, con amor, paciencia, tesón y fe, en una joya que adornará tu vida, y los demás podrán extasiarse con ella, son todos tus dones, tus habilidades, tus proyectos, transfórmalos en joyas si alguien te causa una herida, conviértela en un motivo de orgullo, en algo que valga la pena cada esfuerzo y esto mi pequeña, es un trabajo que solo tú puedes hacer, solo tú tienes la capacidad de tornar ese granito de arena en una magnífica perla.


Abrazo a Durh muy emocionada y cuando vuelvo a mirar la ostra, ella está totalmente abierta, pero muerta. Ha dado su vida por esta preciada pieza, y de igual modo su concha brilla, cubierta de nácar en el interior. Aunque por fuera, es áspera, oscura, de aspecto poco apetecible, entiendo entonces que es su coraza su protección para salvaguardar este magnífico tesoro. Así que, ahora, con mi preciada perla comienzo el camino de regreso a la orilla, tomada de la mano con Durh y en silencio. Vamos saliendo a la orilla y ahora sé, que aunque no puedo evitar que algo entre y me dañe sí puedo transformarlo, sí puedo controlar cómo me afecte y volverlo una joya para mí
y si al final, puedo compartir su brillo con los demás, será un regalo adicional

martes, 7 de julio de 2009

Nadando con Isthar, el delfín blanco



Hoy, mi amigo Durh, mi encantador guía de Cristal, me llevará a nadar un buen rato con nuestro viejo amigo Isthar, el delfín blanco. Estoy muy contenta, porque este es un paseo fabuloso.

Nos vamos tomados de la mano, volando suavemente desde casa, pasamos por las nubes, suaves, refrescantes, jugueteamos un poco mientras vamos rumbo al mar. A lo lejos, alcanzo a divisar la playa de colores. En el horizonte, veo al sol jugar con sus rayos, dibujando fulgores dorados, verdes, carmesí, plateados, sobre las crestas de las olas, y ellas parecen gozar tanto como el mismo astro.

Bajamos a la playa. Hum... que sensación... la arena es tan fina, luminosa, suave, pequeños granos transparentes, pero a la vez, llenos de color, parecen pequeños prismas y cada uno contiene un arco iris en su interior. Saltando sobre las olas, salpicandonos a gusto y dando sonidos agudos, nos saluda Isthar, incitándonos a entrar al mar y seguirle en el juego. Claro, entramos sin dilación alguna, y llegamos a un grupo de olas, estas parecen sostenernos, entonces, me entrega un pequeño cuenco de cristal, con una dulce agua azulada con visos de plata. Me dice Durh:
toma pequeña, bébe, esta agua te permitirá nadar a gusto en las profundidades sin preocuparte por respirar, podrás ver, escuchar, hablar, igual que nosotros.


Apuro el brebaje, sabe a... agua burbujeante, como si estuviera hecha con la espuma misma del mar. Siento entonces cómo mi cuerpo se va transformando, y me vuelvo de ... agua ¡¡¡ Tomo a Isthar de su aleta dorsal, y junto a Durh, vamos bajando, voy observando cómo el agua va cambiando de colores, de azul verdoso, lleno de pequeños seres brillantes, cristalinos, traslúcidos... nerviosos... pasando a aguas que se van tornando cada véz mas oscuras, de un azul índigo, mas densas, es como ir bajando a una dimensión diferente. En el trayecto, nos van acompañando muchos seres, ballenas, orcas, mantarayas, cientos de peces de muchas formas y colores, y nos van dejando en la medida que la inmersión es a mayor profundidad, dando paso a nuevos seres, biolumincentes, que con sus fulgorosos visos nos van iluminando el camino, mientras juguetean entre nosotros.

Finalmente, llegamos al fono, aquí, la arena es gruesa, densa, pero está llena de vida, surgen peces planos, gusanos, calamares y muchos animales que no conozco, pero todos nos saludan con alegría. Hay luz, no se donde proviene, pero el espacio está cálidamente iluminado. Me invitan a sentarme en un pequeño morro formado por rocas, algo ásperas, pero de bonitas texturas. Me acomodo, mientras mis nuevos amigos se van tranquilizando y reposan al rededor. Entonces Isthar, se hace al centro, y comienza a soltar pequeños aros de burbujas, que va dilatando con su hocico, es un juego fabuloso ¡¡ Me los pasa, y yo hago lo mismo, al poco rato, estamos todos juando con estos aros de burbujas, parecen mangueritas luminosas, pues brillan al ser formadas por magníficas burbujas pegadas entre sí, hasta q se disuelven en el agua. Los caballitos de mar, me traen delciosas algas, y otros frutos marinos, nunca había probado algo tan suave, refrescante, vitalizante.

Nuevamente el delfín toma lugar, y comienza a escarbar la arena, sacando una bella flor cristalina, de pétalos color violeta muy traslúcios, pareciese que se fuera a romper dado lo delgados que son, pero no, resisten. Entonces se eleva, y la hace girar suavemente, retrocede, ya que esta flor comienza a aumetar su velocidad, el sonido es como de campanas de cristal que va volviendose un zumbido, va agudizandose en la media que el centro de la flor se abre. Durh me explica: "es una mandala, saldrán luces de colores que te servirán para tu salud". Veo entoces que comienza a salir un haz de luz rojiza, que comienza a extenderse y llega a mi cintura, allí se disuelve; siento calor, y cierro mis ojos un momento. Luego, surge una luz naranja muy suave, a la altura de mi ombligo, me envuelve toda la zona, dándome la sensación de limpiar, de tranquilizar y me siento muy cómoda ahora, felíz. En seguida, viene una luz de color dorado, amarillos, como rayos de sol, bellísima, llega a mi abdomen,, inundándolo de un sentimiento amoroso, me siento abrazada, muy emocionada. Ahora, surge una verde, parecen rayos de esmeraldas, y toca mi pecho suavemente, envolviéndolo en una sensación reconfortante y muy cálida; para mi garganta, hay una luz azul, tan pura, tan clara, que parece que mi voz va a tomar esa misma escencia. Sube a mi frente, una ola de color violeta, penetrando de un modo tan sutil pero firme, que mi interior se inunda con esta energía, y finalmente, a la cabeza, un haz de luz de colores, casi blanquesina brillante. Cierro los ojos, porque siento cómo todo en mi interior comienza a girar, a moverse... entonces Durh, trae un cristal que parece plata, un polihedro formado por triángulos y muchas puntas... lo inserta suavemente en mí cabeza y su energía va bajando, hasta sacar por los pies, toda aquella que estaba estancada.

Ahora me siento renovada. Como aún soy de agua, veo todo el flujo de la energía moverse através de mi cuerpo. Al final, Isthar y Durh me abrazan, y yo a ellos. Entiendo que me han dado un bello regalo y así lo acepto. Es maravilloso. Ha llegado el momento de volver, para lo cual, de la flor ahora surge un remolino verde, yo me hago en el centro, y me va subiendo tan rápido pero tan suavemente, que no siento ninguna molesta en el ascenso. Finalmente, con Durh de la mano, retornamos a la playa, allí me siento a dar las gracias a Isthar, quién se va saltando jugando a romper los rayos de plata que la luna, ahora en lo alto del cénit, dibuja sobre la tranquila superficie del mar.

Hasta pronto viejo amigo, pronto nos volveremos a ver.

domingo, 28 de junio de 2009

El baile de máscaras




Hoy he llegado a casa, y me he encontrado una invitación a un baile. Una hermosa tarjeta timbrada en papel fino, con letras doradas, cursivas con un pequeño texto: "Cordialmente ha sido invitada a un baile de fantasía. Venir sin disfraz, nosotros lo proporcionaremos" Hora: En este momento, hoy...

Quedo algo perpleja, y me pregunto, un baile de disfraces sin disfraz? Vaya... que tiempos modernos corren. Así que apresuro a cambiarme, me pruebo varias prendas, y cuando creo que estoy lista, tocan a mi puerta, y salgo presurosa. Me espera un elegante conductor de un coche... de cristal? Le miro de reojo, y solo veo su sonrisa bajo la chistera, siento mucha confianza con él. Le pregunto, mientras subo al coche: - ¿a donde vamos?, cortésmente me responde... - ¡Al baile, por supuesto¡¡

Digo ... si claro, ya lo sé, pero ... en donde es? - con su suave voz me dice, al palacio de las ilusiones. Ah... y... dónde queda? ... Solo me dice, ya casi llegamos, no te afanes por nada, todo está dispuesto. Su voz me tranquiliza, aunque no entiendo casi nada de lo que ocurre. Me pregunto, será que estoy en un sueño? Un auto de cristal, un palacio de ilusiones, una fiesta sin trajes fantásticos... esto no puede ser real ¡¡

Entonces me doy cuenta, que nos hemos detenido, ante un magnífico palacio de luz... sí, solo de LUZ, brillante, blanca, todos los contornos del edificio son un delgado hilo de brillos como el fulgor de miles de estrellas juntas...

Veo muchas personas llegar, y todas tan sorprendidas como yo. Vamos entrando. En el amplio recibidor, nos encontramos a varias personas vestidas como bellas hadas y otros seres de luz. Nos invitan a seguirles a un gran salón, allí, me dedico a observar la construcción, altas paredes, adornadas con muchísimos espejos, columnas brillantes que separan el gran espacio en varias galerías, un techo abovedado, que más parece el cielo mismo en la noche más estrellada, ya que las luces que lo iluminan, están tan altas, que sus destellos parecen luceros. El piso, de un mármol tan brillante que puedo ver mi reflejo en él. Entonces, aparece nuestro anfitrión, mi viejo amigo Durh, que sonriente se acerca, nos abraza a todos y nos invita al centro de la estancia.

Todos le miramos con ansiedad, y preguntando en silencio... ¿Y los disfraces?

El sabe lo que pensamos y afablemente nos dice... "Bienvenidos todos a esta celebración. os quiero invitar, a que cada uno escojáis una máscara. Detrás de ustedes, encontrarán cajas con miles de máscaras. Podéis escoger una, dos, o las que queráis usar en el baile. Tomad todo el tiempo que necesitéis, no hay límites, y para ello, pues, os dejaremos a solas". Diciendo esto, nos damos vuelta, y en efecto, hay cajas muy grandes con cientos de máscaras. Comienza a sonar una bella melodía, como de campanillas de cristal.

Me pongo a observar a los demás, y todos están confundidos, hay tantas formas, que es difícil escoger. Unos optan por las más brillantes, las más fastuosas, y al ponérselas sobre el rostro, inmediatamente aparece el vestido acompañante. Entonces, me animo, y comienzo a buscar, pero, comienzo a impacientarme. Unas, son muy grandes, otras, muy pequeñas, otra... me gustan los brillos, pero son demasiados, no me dejan ver a través de los pequeños orificios para los ojos; otras, tienen tantos adornos que son muy pesadas y debo sostenerlas con las dos manos, no dejándome libertad para nada, ya que los vestidos, son iguales. Comienzo entonces a observar, que yo puedo armar mi propia máscara, quito un trozo de una, otro de aquella q brilla menos, una perla de esta que me ha gustado, y así, voy descartando y armando... hasta que digo... bueno... esta está bien, no es la mejor, pero no es la peor, es liviana, aunque talla un poco, ya que por dentro es muy irregular, al ensamblar las diferentes artes, no cazaban bien por dentro, pero por fuera, la apariencia es perfecta, y por lo que veo, todos buscan lo mismo, que su máscara sea perfecta ante los demás.

Finalmente, dejo ya la que he armado y me la pongo, el traje, es también a retazos, algo incómodo, pesa bastante y camino lentamente, tropezando frecuentemente. Pero pronto aprendo a manejarlo haciendo hacia atrás, la arte más pesada.

Entonces Durh regresa, y él no está disfrazado, sigue ataviado con su traje de luz cristalina, impecable y armoniosa. Me digo... "ay, que bonito sería un vestido así.... qué libertad de movimientos, se le ve tan cómodo... ". Nos va observando, felicitándonos individualmente por el disfraz escogido. Nos invita a bailar, pero pronto veo, que todos tropezamos, damos pequeños brincos, pasos torpes, o nos caemos. También veo a un buen amigo, sentado en el suelo, con dos máscaras, no sabe cual ponerse, una es de barro, pesada, gruesa, burda, oscura, la otra, cristalina, brillante, ligera... pero duda, las intercambia constantemente. Otra amiga, sostiene su máscara y no se anima a usarla.
Al cabo de unos momentos, en que muchos se han encolerizado porque no pueden danzar, porque se sienten fastidiados, comienzan a gritar a Durh, diciéndole que la fiesta es un engaño, que es una trampa, que las máscaras están mal hechas, no sirven... Durh, pregunta: - ¿Y por qué la escogiste? ¿Qué te gustó de ella? Antes de reclamar, pregúntense porqué la eligieron... nadie les obligó, nadie les sugirió, nadie presionó, tiempo tuvieron todo el que quisieron, inclusive, algunos fueron de caja en caja, tomando partes de las máscaras de otros, ahora... os quejáis de lo que habéis vosotros mismos escogido?

El salón quedó en total silencio. No tenemos respuestas, ya que hubo total libertad para decidir. Cabizbajos, Durh nos muestra los espejos, y nos dice: "Observad, cada detalle de vuestra escogencia, y analizad qué os gustó y que no, el espejo os mostrará sin duda alguna todos los aspectos de vuestro disfraz, si os es favorable o no, el peso, el material, lo que implica usarlo, todo. Mirad con el corazón y la razón y escuchad a vuestro ego, si fue él quien os guió, o fue vuestra conciencia. Este traje que lleváis puesto, es lo que a diario os ponéis en vuestras vidas, vuestras máscaras, están construidas día a día con retazos, tomáis de aquí y de allá, siempre de afuera, del exterior, buscando ser aceptados por los demás, deseando brillar más que los demás, ostentar lo que no tenéis, así por dentro sea incómoda, rugosa, os lastime y lacere la piel, preferís guardar silencio, a asumir que no es lo que deseáis; por eso, este es el castillo de las ilusiones, porque aquí cada uno de vosotros, construye su propia imagen, de fantasías, de sueños, mas no sacáis de vuestro interior la imagen que queréis proyectar".

- Todos continuamos callados, realmente Durh está diciendo algo tan real, que no sabemos entonces cómo quitarnos estas incómodas prendas. Continua diciendo: " Habéis venido libremente, ahora, del mismo modo, os invito a desprenderos de estas facetas, aprended a dejar en libertad vuestro ser. Los brillos, los fulgores de las lentejuelas, de los cristales que reflejan la luz, hacen que no podáis ver, y de paso, impiden que los demás os vean como realmente sois. Entonces, cuando cada día, asumen una máscara, la adoptáis aunque no estéis cómodos, pero no la elimináis, vais poniendo una sobre otra, sucesivamente, y ha llegado el momento, en que habéis olvidado por completo, quiénes sois. Vendida, amigos míos, hermanos míos, queréis eliminarlas? " - Todos contestamos con prontitud, que sí, todos lloramos y ansiamos quitarnos este peso que nos está agobiando.

Entonces nos invita al jardín. Allí, hay una hoguera, hermosa, luz violeta, roja, dorada, amarilla, tonos azules y amarillos, tan intensos, danzantes, chispeantes, y para nuestra sorpresa, de este fuego majestuoso, saltan pequeñas chispas que nos ayudan a arrancar de nuestros rostros, estas máscaras. Durh nos indica que las tomemos en nuestras manos.

-" Bien queridos hermanos, es momento de desprendernos de aquello que os a acompañado a lo largo de vuestra vida, y de vuestro viaje hasta aquí. Pero no se puede así no mas, debéis darles vuestro agradecimiento a estas facetas. Podéis tomaros el tiempo que deseéis para hablar con ellas, con cada una, aceptar que ha cumplido su función y decirle que ya no debe estar más con vosotros.

A mí me cuesta mucho, porque pesa tanto, y solo va saliendo a trozos, de la misma forma en que la armé. Y tuve tanto empeño en ello.... así que asumo que ahora el proceso será más complejo, ya que está tan fuertemente adherida cada parte con al siguiente, y hay unas tan chicas... Durh siente mi desconsuelo, y me abraza diciéndome suavemente... “no te angusties, no hay afán. Solo ve una parte a la vez, no mires cuanto te queda, solo ve sacando, agradece, perdónate, ríe, llora, abraza, ama, enójate, pero siempre al final, agradece, perdona y amate, porque la fachada que has construido, lo has hecho pensando que era lo mejor para ti. Recuerda, los demás te ven de un modo, pero... cómo te ves tu misma? es ese lado rugoso del interior, el que incomoda, que lacera, que no se acomoda... el que te muestra que ha llegado el momento de cambiar, de transmutar. Saca todo, cada día un poco, y quémalo, deja que el fuego abrace cada trozo, lo purifique y devuelva al universo en cenizas y verás que comenzarás a construir en su reemplazo, no una máscara, sino una imagen que reflejará tu interior, será tan cristalina como el agua del rocío en la mañana, tan fresca, que el sol brillará sin enceguecerte y será tan liviana, que estarás totalmente libre, y entonces finalmente encontrarás tu paso, tu propio ritmo para danzar. Si por alguna razón, y seguramente será así cada día, te ves en la necesidad de volver a recurrir a una máscara que te oculte, pues hazlo, pero al final del día, no olvides traerla al fuego, y deshazte de ella. No acumules, que no te dejan respirar".

Diciendo esto, se apartó y me senté respirando calmadamente y viendo ya el fuego sereno también ante mí. Con la certeza que cada día que pase, podré quemar ese trozo viejo y el nuevo que he agregado a mí ser, y al hacerlo, libero mi alma del dolor, del peso, del engaño y del agobio que implica llevar una imagen que no me muestra tal como soy. Confío en que al final del tiempo, esté frente al espejo, nuevamente en este gran salón de baile, y me reconozca sin más dilaciones, entonces danzaré al ritmo de los cristales la danza eterna de la vida.

domingo, 21 de junio de 2009

El agua de los cristales de 7 colores

Hoy vamos a ir por una senda de luz. Para ello, nuestros seres, van a recibir al ser cristal índigo, que viene a guiarnos en este nuevo recorrido.
Para ello, debemos dejar a un lado nuestras cargas emocionales, mentales, racionales, todo aquello que afecta nuestros cuerpos sutiles. Es como si quitáramos capas, una tras otra, grises, pesadas, densas, opacas. Y nos quedamos solo con nuestro ser, limpio, puro, y radiante.
Este bello ser de cristal, es hermoso, sus alas son de un azul índigo muy brillante, su aspecto parece dibujado con los rayos de la luna llena, sutiles, gráciles, amorosos.
Nos invita a seguirle, y comenzamos a andar, nos lleva a la entrada de una puerta enorme, de madera, tallada finamente a mano, una celosía que parece un encaje por los detalles tan minuciosos. Tiene dos aldabones de metal forjado, con dos cabezas de león magníficas. Este portón está enmarcado entre enormes piedras, perfectamente adosadas entre sí, e incrustadas en una enorme muralla sin fin, no se ve a los lados ni hacia arriba, donde concluya.
Al tocar Durh, que así se llama nuestro guía, los aldabones, los leones asienten saludándole con una ligera reverencia y la puerta se abre sin hacer el menor ruido. Nos invita a pasar. El lugar, es un bellísimo jardín, rebosante de jolgorio proveniente de muchas avecillas que revolotean trinando alegremente entre las flores, campanillas, azucenas, lirios, agapantos, doncenones, rosas, y tantas más, que es imposible describirlas a todas. El día está radiante, el sol en su cenit alumbra y nos brinda una suave caricia, cálida, amorosa; la brisa, nos envuelve con grácil toque y nos conduce tan suavemente, hasta una fuente que mana de la roca desnuda en algún lujar de este paraíso.
El agua que brota, es transparente, pero es de colores, el arco iris se refleja en ella? Pregunto a Durh, y él me dice – No, es el arco iris mismo. Nos sentamos a la orilla del pequeño remanso que se forma en su lugar, y vemos maravillados, como el agua hace pequeños remolinos, de diferentes tonos, antes de entrar a la tierra. Durh nos explica, que esta agua, pura, natural, sin contaminación alguna, ya que proviene del mismo corazón de nuestra madre tierra, es el alimento de todo el jardín, corre bajo el suelo, alimentando la grama donde yacemos descansando, las plantas, los bosques, los ríos, los lagos, y todos los seres vivientes de este lugar, viven por ese pequeño nacimiento de agua. Por ello, nadie lo corrompe, nadie le ensucia, ni le altera.
Nos dice, que recibiremos un obsequio: los 7 cristales de colores, para que tengamos la misma pureza de la luz que emana de esta agua. Frente a nosotros, nos pide que nos sentemos en posición de loto, y pongamos nuestros dedos medio y pulgar en contacto, con las palmas hacia arriba, apoyando las manos sobre las rodillas. Debemos centrarnos en nuestra respiración, despejar la mente, no pensar en nada que nos aleje mental y emocionalmente de este mágico momento. Seguir el ritmo de nuestros latidos del corazón, marcará el compás del tiempo en el que haremos este ejercicio donde Durh nos entregará estos cristales.
Nos pondrá a través del canal que se abre en nuestra corona y atraviesa toda nuestra columna, estas pequeñas pero poderosas gemas de luz.
Toma con sus manos, del agua, un cristal rojo. Su forma, una flor de cuatro pétalos, y nos explica que es el que va a ir a nuestro Chacra base. Al irnos incrustando este precioso cristal, suenan ligeras notas en do, en el más puro tono. Este buscará darnos estabilidad a todo nivel, arraigo a la tierra, apreciar y querer llevar una vida confortable, trabajar por nuestra prosperidad y salud física, tener seguridad en nuestros actos y poseer un sentido de auto conservación claro y estable. Con una inclinación de su cabeza, procede a tomar el segundo cristal.
De color naranja, con seis pétalos, y un tono musical en Re, igual que el anterior, una nota perfecta. Este va a nuestro chacra sacral. Nos aportará calidad en el amor que sintamos hacia nosotros mismos y hacia los demás, fluidez de nuestros movimientos movimientos, sentir placer sexual en forma sana y armoniosa, disfrutar en las relaciones con los demás, potenciar el don de la paciencia, resistencia ante las dificultades. Nuevamente, con una ligera venia, toma el siguiente color.
De un amarillo puro, casi como el sol, la flor de 10 pétalos, en tono Mi, es dirigida a nuestros plexos solares. Este es quizás uno de los más apreciados, ya que nos reforzará la voluntad, intensificará la perseverancia, potenciará la eficacia, nos permitirá tener nuestro propio poder personal, y la auto motivación para nuestras actividades. Recalca el valor de tener el control de este punto energético, ya que cuando perdemos el control de nuestras situaciones, el poder personal sobre nuestras decisiones se diluye, haciéndonos presa fácil de aquellos que son más fuertes en apariencia, y al dominarnos, perdemos la capacidad de autocontrol.
Seguimos con el cardiaco, con 12 pétalos de un verde esmeralda y vibra en tono Fa. En este chacra, tenemos nuestro equilibrio en las relaciones con los demás y con uno mismo, podernos sentir de forma consciente la compasión, la piedad, aceptación de nosotros mismos y de los demás, y el amor hacia los demás y hacia nosotros mismos. Es fundamental para nuestra autoestima, estar en equilibrio.
Ahora, el turno para nuestra garganta. Allí, la flor de 16 pétalos, azul turquesa y tono en Sol, se acomoda para potenciar nuestra expresión verbal, fomentar la armonía con los demás, creatividad y la buena comunicación. Con nuestra voz, podremos construir y crear todo aquello que con nuestra imaginación y capacidad de trabajo queremos tener. Nos recuerda, que del mismo modo que podemos hablar amorosamente, al unir nuestra voz con nuestro corazón, podemos destruir al dirigirnos a los demás desconectando estos dos centros, y dejando que sean los sentimientos basales los que dirijan nuestra creatividad.
Llega a nuestras frentes, con una bella flor de dos pétalos visibles, pero pareciera que tiene otros tan pequeños y sutiles que no les vemos. Su color, un azul casi violeta, muy intenso, suena en una suave nota de La. Este poderoso cristal, ampliará, abrirá y despertará nuestra aptitud para distinguir las pautas de comportamiento, la visión o clarividencia, nos permitirá aprovechar nuestras habilidades intelectuales y psíquicas de la mejor manera posible. Podremos ver más allá de lo que es perceptible a nuestros sentidos físicos. Es nuestra visión interna y nos ayudará a vislumbrar los sueños a los que queremos llegar.
Finalmente, pone en nuestra corona, una hermosa flor de muchos pétalos, tantos, que parece una flor de loto multiplicada, con un magnífico tono violeta, y remata con la nota Si. A través de este punto, recibimos la energía universal y abrimos nuestra consciencia cósmica, tomamos conciencia del amor cósmico, y de la inspiración divina, para proyectar y crear, todo aquello que conduzca a mantener el equilibrio y la armonía en el universo.
Al finalizar, Durh, pasa sus manos por toda nuestra columna para verificar que cada cristal está en su lugar y estabilizando todo aquello que sienta que no está bien. Cierra nuestro canal y nos abraza emocionado.
Las avecillas nos traen de obsequio muchas flores, con las que nos adornan, y nos llevan de regreso a las puertas de la entrada. Cada vez que necesitemos recargar nuestros cristales, lo podremos hacer mediante la meditación, beber agua fresca, pensar, sentir y actuar en forma amorosa y equilibrada.
Nos despedimos de Durh y regresamos a nuestros cuerpos físicos, siguiendo el compás de la respiración y seguros de que hemos recibido un bello y maravilloso regalo de amor para nuestras vidas.

lunes, 15 de junio de 2009

El Refugio de Isabel

Isabel es una amiga, una bella hada de los bosques de cristal, donde el viento huele a jazmín, y sabe a amapolas.

Ella hoy me invita a conocer su Refugio, en la tierra de las hadas con alas de mariposa, alas de cristal de rayo de luna.

Para ir a su casa, me obsequia un hermoso juego de alas de cristal violeta, son grandes, brillantes, sutiles, huelen a lavanda fresca y tienen chispas de estrellas. Así que tomo las alas, le doy las gracias y comenzamos a volar, vamos ascendiendo suavemente, sin prisas, por entre la ciudad, luego por entre las nubes, jugando con los cúmulos y estirándolas suavemente, dibujando ondas, o atravesándolas para sentir esa suave humedad que es tan refrescante, y ver cómo los rayos del sol, dibujan entre cada nube, arco iris que las gotas de agua atrapan y atesoran como si fueran su más preciado tesoro.

Llegamos a un borde del espacio, allí donde están las nubes, el sol, el viento, y la entrada a las dimensiones de luz. Llegamos a una bella flor, se forma de nubes, de cristales de hielo, de brillos y suena como el cristal mas fino al solo rozarla con la punta de mis dedos. Isabel me invita a abrir el portal. Al tocarlo, comienza a girar hacia la derecha, sus pétalos se extienden en todas las dimensiones, formando en el centro, un pequeño torbellino, que se va convirtiendo en un túnel. El sonido es bellísimo, parecen cientos de flautas de cristal y vibran tan suavemente, que solo puedo sentirme extasiada, feliz por estar aquí. Entramos, y vamos volando despacio, nos reciben miles de pequeñas chispas de luz de colores, haladas, revoltosas, cantarinas, son muy divertidas, y nos guían a un tobogán de colores; aquí el arco iris, dibuja bellas figuras, juega con el aire y cada color tiene un giro, un olor, un sabor, una temperatura, una textura, y un sonido propios. Me voy por el violeta, descendiendo muy rápido, y pareciera q de mi alegría, hace que el tono del tobogán cambie y entre más reímos con Isabel, mas giros y saltos nos dan, y las hadillas chisporretean entre nosotras y revuelven en su venir, los tonos haciendo unas gamas increíbles, todo brillante, alegra, y sutil.

Al final, llegamos a un hermoso claro, en el bosque de cristal. Allí, frondosos árboles, sauces, robles, pinos, ébanos, cedros, y tantos otros que no reconozco, nos saludan, sus ramas y hojas se mueven tan suavemente, que el sonido es intenso, cristalino, parecen estar felices de vernos y nos reciben esparciendo a nuestro paso, sus hojas transparentes, que al tocarlas, desaparecen en un halo de luz brillante despidiendo aromas mágicos.

Pasamos el bosque, hasta un pequeño valle, donde hay un lago de aguas plateadas, con visos iridiscentes de un azul índigo muy intenso. Allí, nos espera Isthar, un viejo y querido amigo delfín. Nos invita a entrar. Yo le pregunto, Isthar? qué haces tan lejos de tu mar? y se ríe, me dice: "el mar es solo un lugar que identificas, yo puedo estar en cualquier elemento, porque soy sin ser y estoy sin estar, estamos en el reino mágico, todo es posible, porque no existen las dudas aquí". Así que, entramos al lago, y pierdo a Isabel, supongo ella, irá a jugar con sus amigos, y yo voy con mi delfín a nadar. Al entrar al agua, voy transformándome en sirena, mis alas de cristal, se funden con mi cabello, que ahora parecen hilos de agua cristalina, y mi piel, se cubre de escamas de oro, plata, rayos de sol y luna.

Jugar, saltar, romper las aguas, que también se divierten enredándose entre mis cabellos, entre mis manos fluye como si fueran parte de mí. Y cada vez, bajamos mas, nos acompañan mas delfines, manta rayas, ballenas, peces de todos los colores y tamaños que juegan junto a mí. Entre giros y torbellinos, llegamos al suave fondo. Es tan hermoso este lugar, la arena blanca, suave, se mueve como el humo al rozarla, y me siento en una pequeña roca. Aquí, todos toman un lugar, y nos reunimos. Llega Isabel, y toma su lugar en la pequeña fiesta. Nos convidan algas, de sabor crujiente y dulce, de un verde esmeralda magnífico. La gran ballena, se acerca y nos entrega una flor, grande, hermosa, de colores naranjas, rojos, amarillos; sus pétalos, parecieran formados por flamas de fuego y toques de rubíes. La tomo entre mis manos, y ella comienza a girar, suavemente, y se abre, formando un bello remolino ascendente. Despide chispas de colores.

Nos invade una sensanción de calor, abrazador, purificador, es como si estos cristales entraran a mi piel, a mi cuerpo y fueran limpiando, destruyendo aquello que adentro nos hace daño. No se cuanto tiempo pasa, pero me encanta sentir como estoy siendo sanada aquí. No hay dolor, ni tristeza, solo alegría, regocijo y paz. Luego, la flor cambia de color, a verdes, azules, violetas, y vuelve a comenzar, cada giro de color nos envuelve igual, y también va llenando cada parte de mi ser, de mi cuerpo. Vuelvo a ser yo, floto entera en este espiral y el sonido que escucho es tan bello, tan elevado, que me dejo llevar, y al hacerlo, me van dejando suavemente en la orilla del lago. Al salir, me rodean las hadillas y me cubren con una túnica de cristal. Me dicen, esta es tu nueva vestidura, hecha con los más puros cristales de agua vital, hilados con los lazos que solo el amor puede tejer. Me ofrecen miel, dorada, aromática, huele a azahares, nardos; sabe a orquídeas, a vainilla, a canto, a vida, al calor del día.

Me siento feliz y entonces llega el momento de regresar. Asciendo suavemente, en un haz de luz dorada, formado por todas nuestras traviesas amiguillas, y veo, como toda esta bella dimensión brilla y se despiden con alegría. Llego de nuevo a la flor, a la gran puerta de cristal, la atravieso, con la certeza que podré volver cada vez que necesite re-encontrarme con mi propio mundo interior. Cierro girando la flor hacia la izquierda, y del mismo modo que al inicio, sus pétalos se pliegan sobre sí, hasta desaparecer entre la brisa y las nubes.

Agradezco a Isabel por llevarme a su refugio y por enseñarme que para estar en un mundo mágico, solo debo dejar volar mi imaginación.

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