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sábado, 4 de febrero de 2017

Dios me dió el privilegio de tener hijos que son seres de luz. Y Sarita iluminó y tocó el corazón de todos. Ahora ilumina como la más brillante de las estrellas del firmamento.


Fueron cortos tus 17 años, pasaron demasiado pronto y nos faltó mucho por vivir y aprender juntas.

Ha sido un privilegio ser tu madre, desde el mismo instante en que supe que te esperaba, y luchaste desde entonces para vivir. Y te sobreponías a cada dificultad, a cada situación. Aceptaste las terapias sin fin, las mil y una citas médicas hasta que te revelaste y no soportabas ver batas blancas. Y tus médicos entonces sabiendo esto, decidieron que cuando tú entrabas, ellos no las llevaban puestas, y entonces, los abrazabas y hacías lo que te decían.

Sarita, hija hermosa, siempre brillarás en mi vida, y aunque como madre no entienda el porqué te fuiste tan rápido y de una manera tan dura, siempre me quedará la felicidad de recordar que superaste cada mal momento con una enorme carcajada, hasta las lágrimas, y luego nos pedías un abrazo familiar.

Pasaste por varias cirugías, dolorosas y largas, y al despertar, solo pedías tu comida favorita, o que tenías frío. Pero no te quejabas del dolor.
Nos enseñaste tanto con tu generosidad y valentía, que aún pasarán muchos años antes de terminar de entender todas tus lecciones de vida y asimilar tus enseñanzas.

Verte partir no ha sido fácil, antinatura dicen muchos... sin embargo, viviste a tu ritmo y a tu tiempo, y siempre agradeceré ese tiempo compartido.

Dany y yo, inclusive Aura, siempre te llevaremos tatuada en nuestra alma y corazón.

Hija amada, por siempre, seré tu mamá.
06- dic- 1999 a 19-enero-2017

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