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domingo, 10 de marzo de 2013

Mi proceso de perdón

Ayer tuve un maravilloso regalo. Un taller sobre el perdón.  Un proceso que muchos intentamos hacer con cientos de trucos, para no nombrar ninguna técnica en especial, pues todas son válidas o inútiles según como se usen, el común denominador es la conciencia.  Ayer entendí varias cosas, que ya venía descubriendo en mi propia experiencia.
1. que nadie es 100% bueno, nadie es 100% malo, que todos tenemos porcentajes de ambas cosas, es lo que nos hace ser HUMANOS, y nos hace ser PERFECTOS. Cada uno decide optar por un modo de actuar, de pensar y de sentir, y todo tiene sus consecuencias.
2. Todo tiene una consecuencia. En ciertas definiciones, lo llaman la ley de atracción, la ley del karma, la ley de Dios. Simple, la conclusión, es que todo lo que hagamos, tiene un resultado, sea el que sea, nos afecta directamente, a nuestra familia y a quienes nos rodean, y si tenemos poder... pues afectamos a mucha gente, o al mundo entero.
3. Si queremos realmente sanar de nuestras dolencias, y Dios sabe que las mías vienen por toneladas, y no porque haya sido la peor persona del mundo, es sencillamente porque he peleado tanto conmigo misma, que eso se ha convertido en mis dolores. Aprender a perdonar no es nada fácil. Ayer, mi maestro decía algo que me caló muy hondo.  ÉL cada vez que dicta el taller, sana a sí mismo, y lo hace a propósito, porque sabe que es la parte más difícil de hacer: perdonarse a sí mismo. Si no aprendemos a perdonarnos, difícilmente podemos perdonar al otro. No importa si tenemos maestrías en técnicas de perdón. No importa si ante el mundo, somos sus salvadores, si tenemos enfermedades graves, es porque hemos facilitado a dichas enfermedades, entrar y actuar en nuestro cuerpo. Digámoslo sencillo: yo permití que el dolor se radicara en mi vida. Si hay dolor emocional, hay dolor físico. Entonces, la siguiente frase que he oído mil millones de veces, vuelve a resonar como tambores en feria: SI ODIAS, TE ENFERMAS. Aquí quiero detenerme un poco más. Estos días con la muerte de un personaje tan odiado y amado por millones, la andanada de trinos, publicaciones y post en redes sociales y medios de comunicación en homenaje o descalificación de esta persona, a quién afecta más? A Chávez, jamás le importó lo que dijeran de él, hizo lo que quiso, y si entramos en conciencia, el cáncer tiene profundas raíces emocionales. Maduro hablaba de que le fue inoculado, científicamente imposible, energéticamente probable. Porqué? porque nadie sabe lo que él vivía en su interior, y cuanto dolor tenía adentro, y eso resultó en un cáncer terrible. La lección para quienes le odian: persistan en ello, si así lo deciden, pero el resultado, es que se enfermarán o cronizarán sus enfermedades actuales.  El odio MATA el alma, enferma el cuerpo, y este es solo un ejemplo. 
Todos tenemos muchos motivos para decir: "PERDONO PERO NO OLVIDO". Esto en resumen, es limpiar la casa con agua sucia. Nada hacemos, pues no es un perdón verdadero, pero sí exigimos que nos perdonen todo ¡¡
Ayer solo entendí la deshonestidad con la que he actuado en mi vida en cuanto a perdonar a los demás y a mí misma. Entendí entonces, que nada de lo que se publica en cientos de libros, en cientos de talleres, en cientos de webs sobre sanación, e inclusive, religión, NADA VALE SINO LO HAGO CON EL CORAZÓN AL 100%.  Entendí, que quienes me han criticado en nombre de Dios, se juzgan con ligereza, y aplican la ley con dureza al otro. Quienes me han dicho, que no me perdonan porque no aceptan mi perdón, que Dios lo haga, entonces, también cargarán con su parte en la situación. Perdonar SÍ es olvidar: quizás no olvidemos la situación, pero sí TRANSMUTEMOS el odio, el resentimiento, la ira, el dolor, en AMOR; en ese amor incondicional que sentimos al saber que solo hay un ser capaz de amarnos con la fuerza suficiente para aceptarnos como somos, DIOS. Y no el Dios cruel y castigador que nos presentan algunas facciones religiosas, sino el Dios real, el de la vida diaria, El que siempre está presente en cada momento, el que se empeña en darnos cada día un millón de oportunidades para reflexionar, para cambiar, para sentir amor, para ser felices con los detalles, y aunque decidamos lo contrario, sigue al siguiente segundo, poniéndonos otra oportunidad para aprender. 
Concluyo diciendo entonces, que definitivamente, solo si tomamos conciencia de la responsabilidad que tenemos en nuestras decisiones y emociones, podemos perdonar nuestros propios errores, y cada día cometemos aciertos y errores, y si nos aceptamos sin justificaciones tontas, sin culpar a los demás por nuestros errores, entonces podremos comenzar a vivir mejor. 
Ayer terminé de entender muchas cosas que venía removiendo y tenía entre un costal en la espalda sin saber qué hacer con ellas. Mi decisión, es liberar mi alma del dolor, no se cuanto tiempo me tome, quizás el resto de mi vida, y de corazón digo, y pido perdón a quienes he lastimado, ofendido, afectado, ignorado, o afectado de cualquier forma, consciente o no, pues solo soy un ser humano más. No pretendo ser perfecta, ni quiero llegar a serlo, ni usar la palabra de Dios como herramienta de juicio, pues ya la he usado mucho en mi contra, y me la han aplicado con mucha dureza. 
Con razón se compara siempre el perdón con la flor de loto, con su belleza sin igual, con sus colores violáceos, blanquesinos y esos brillos azules sutiles, la fortaleza de su tallo y hojas, la maravillosa flor que solo sale del agua estancada, turbia, donde creemos que solo hay caos, demuestra que la semilla más fuerte, surge de las situaciones más contrarias. Aprender entonces, que primero, bajémonos del potro del orgullo, caminemos en la senda de la humildad, para ver paso a paso, con claridad, lo que vamos sembrando en la vida, porque eso mismo, es lo que estamos cosechando. Sea en el pasado, sea por herencia, cuando nos llegue a la mano el fruto, entonces aceptémoslo como és, dulce, amargo, porque trae consigo una lección de vida para aprender. Tenemos derecho a perdonarnos, y a hacer el proceso cuantas veces sea necesario.  Pidamos perdón de corazón, con humildad, si queremos que nos perdonen nuestros errores, y cada día, aprendamos para qué vivimos y aprendamos a agradecer todo lo que nos llega, como llega, pues lo que merecemos en justicia y necesitamos para nuestro crecimiento.  Perdonar, es transmutar, es cambiar, es avanzar.

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