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domingo, 11 de octubre de 2009

La culpa: una carga...

Hay días en que solo quiero sentarme a llorar sobre mi tumba y levantarme luego ligera, liviana, con el cuerpo libre y transparente. Rebrotar de mi propio cadáver, respirar, y sentir sobre mi frente la brisa tenue del alba.
Pero entonces surge de entre la niebla el vigilante de la infelicidad, siempre atento y eficiente:
- “Disculpe, se dejaba usted su dolor”
- “¡Ah!, ¡es cierto!, muchas gracias, señor”.
Y recojo nuevamente la pesada urna de polvo negro y la oprimo firmemente contra mi pecho.
Y es que hay días en que solo quiero sentarme a llorar sobre mi tumba…


 Una amiga reikista me ha regalado este hermoso texto que su maestra el dió en clases.  Queda anónimo, pues prefieren que sea así.  Pero vale la pena compartirlo, analizarlo y asumir las sabias palabras que son.

Cargamos la culpa a cuestas por muchas razones, la asumimos como nuestro "deber"  ante muchas circunstancias, pero no sabemos liberarnos de ella.  Pensamos, que siempre tenemos y que lo correcto es mantener nuestra mochila a cuestas llena de enormes cargas de culpas. 

Cómo hacer entonces para soltar el dolor? para liberarnos de su carga? Nos autoinflingimos estas pesadas responsabilidades, y es necesario? Es como antaño en la época de la autoflagelación, "es que tengo, es que soy yo, es que no puedo, es que..." y de paso, soltamos la responsabilidad de hacer, de liberarnos, en manos de otros.   Cuando decimos; " es que me tocó vivir esto.... es que Dios lo quiere así.... es que es la voluntad Divina... Si Dios quiere.... " dejamos la responsabilidad de actuar, decidimos NO HACER NADA, solo cargar la culpa encima y adentro del alma, y es como un puñal que hiere y hace sangrar lentamente.   Así que literalmente, nos vamos anulando inconciente o concientemente al no liberarnos de las culpas.  

Podemos decir que es por enseñanza y formación en nuestra infancia, que la sociedad así lo exije, la religión, y muchas disculpas más, pero son solo eso: DISCULPAS.  La responsabilidad de las cargas que llevamos a cuestas en el alma y en el corazón que nos impiden ser felices, es solo nuestra.  

El proceso de liberar las culpas va más allá de decir, Sí, soy responsable de esto y de aquello.  Hay ante todo, que liberar al otro, quitarle la responsabilidad de nuestros actos a quienes se las hemos soltado, retomar el control y asumir qué nos corresponde y liberar lo que no, así los demás no reciban su parte, debemos soltarla, para ello, el perdón es la herramienta.  Suena fácil, pero por miedo, por dudas y falta de auto estima, a mí me cuesta mucho realizar el proceso.  Voy aprendiendo, porque voy entendiendo que será la única forma de llegar a ese estado de tranquilidad que anhelo con toda mi alma. 

2 comentarios:

Mariem dijo...

Hola, de casualidad( si es que estan existen) llegue a tu blog, en verdad buscaba otra cosa, pero me quede y lei.Me encantó este post.

Ana Cristina Restrepo dijo...

Bienvenida Mariem. Bueno, sí, este texto es muy lindo, me lo obsequió una amiga muy especial, y dice mucho para comenzar a trabajar. Cuando quieras, puedes pasearte por todo el blog :-) Ana Cris

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