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miércoles, 8 de julio de 2009

El regalo: La perla


Para comenzar este viaje, soltemos todo aquello que emocionalmente, mental y física nos impida ir libremente de disfrutar de este momento. Invoquemos a nuestro ser, decretando que será él quien por el amor y nuestra esencia divina, nos guiará en este mágico viaje. Llega Durh con su encantadora sonrisa y nos abraza. “Vamos a ir por perlas, por mágicas perlas” nos dice con emoción.

Nos guía a un valle tranquilo, verde, rebosante de luz, de brisa y olores a primavera, en ésta época comienza a brillar el sol con mucha fuerza, el verano ronda y todo parece llenarse de flores, frutos que comienzan a crecer en las copas de los árboles pichones de muchas avecillas revoloteando en un tremendo jolgorio pidiendo a sus padres más comida, ellos, afanosamente van y vienen, sin detenerse a mirarnos procuramos caminar sin ruido, claro que el prado es tan suave, que parece ceder a nuestros pasos sin quebrarse, sin hacer ruido.

Vamos a pasar una cueva, en un pequeño cerro, la roca es de color marmoleada, formada por brillantes granos de colores de matices verdosos, negros y jaspeados; entramos a la ancha caverna, es muy luminosa, la misma roca tiene un bello destello blanquecino que nos sirve para ver el camino. Salimos, a un valle aún mas maravilloso, surcado por un gran río. Durh nos invita a entrar en él, aunque se ve caudaloso, su sonido es tan agradable, el agua fluye, cantarina, fresca, sus aguas se ven tan refrescantes que entramos en ellas sin duda, y se siente gran regocijo al hacerlo; vamos sumergiéndonos en sus aguas, vemos muchos pececillos pasar por nuestro lado renacuajos, salamandras, lagartijas, ranas y muchas larvas de insectos aferradas a las raíces de plantas en la orilla. Comenzamos a caminar por el fondo, un lecho rocoso cubierto de preciosos guijarros tan redondeados, tan suaves que parecen de seda. El agua es tan transparente que la luz del sol se nota casi perfecta, los rayos atraviesan como hilos de plata.

Seguimos avanzando cada vez más profundo, en la media que el cauce del río se ensancha llegamos a una pequeña ensenada, muy cómoda donde encontramos cientos de ostras,
alargadas, firmemente aferradas a las rocas, sus caparazones parecen almendras gigantes
y escasamente se puede advertir el pie con el que se aferran entre el cieno que cubre esta área; aquí un delfín rosado se nos acerca, nos da la bienvenida y gira en nuestro rededor retozando con alegría. Durh le saluda, claro, son viejos amigos, el delfín nos invita a acércanos a varias ostras las roza con su hocico y ellas suavemente se abren y nos muestran su más preciado tesoro esas pequeñas, brillantes y amorfas perlas, los visos, de su nácar, contrastan con la luz que se filtra por la superficie del agua. Hay de todos los colores: rosadas, grises, cremosas, algunas mas redondas, allá hay algunas más amarillas, aquí unas más rojizas... miren las de allí ¡¡ son casi verdes ¡¡ cuanta belleza hay aquí¡

Algunas de estas ostras se acercan a nosotros y nos obsequian su perla, yo tomo una de color gris violeta, muy brillante, sedosa y me siento a observarla con detenimiento. El delfín rosa se posa en el fondo y me mira me dice: ¿sabes cómo surgió? y le digo, sí, una piedra que se filtró y ella la cubrió con nácar. Me dice, si ,¿ pero la reacción? le digo: no la tengo clara. Entonces me explica: “Mira, la perla se forma de una herida, cuando la ostra se alimenta, debe abrirse ligeramente, absorber el agua para filtrar el alimento pero algún pequeño gránulo de arena, tan diminuto, pasa, y se clava en su carnoso cuerpo, desprotegido, muy vulnerable.

Ella de dolor se aprieta, cierra con fuerza su concha y comienza a sanarse... ese granito de arena, es para ella tan grande y doloroso, que la hace generar el nácar, con el que le va envolviendo, pero no logra sacarlo entre más lo cubre, más le genera dolor, pero ella se acostumbra, y lucha por su vida es tal la lucha, que pone todo su empeño, da lo mejor de sí misma, su esencia, su brillo, su capacidad de construir y crear, es lo que forma el nácar, capa tras capa fuerte, resistente al final, el grano de arena queda en el centro y ella puede dar vida a una de las joyas más apetecidas de la naturaleza el único ser viviente capaz de crear una JOYA transforma algo insignificante en algo tan maravilloso”

Quedo extasiada al observar mi perla y entiendo el enorme sacrificio y el arduo trabajo de la ostra así que le digo, muy agradecida y llorando, que gracias, su dolor hoy es un regalo para mí entonces, Durh me dice: “Mira chiquita así es que puedes convertir el dolor en algo magnífico cada herida, ocasionada por algo que se ha filtrado del exterior a tu ser, puedes transformarlo, con amor, paciencia, tesón y fe, en una joya que adornará tu vida, y los demás podrán extasiarse con ella, son todos tus dones, tus habilidades, tus proyectos, transfórmalos en joyas si alguien te causa una herida, conviértela en un motivo de orgullo, en algo que valga la pena cada esfuerzo y esto mi pequeña, es un trabajo que solo tú puedes hacer, solo tú tienes la capacidad de tornar ese granito de arena en una magnífica perla.


Abrazo a Durh muy emocionada y cuando vuelvo a mirar la ostra, ella está totalmente abierta, pero muerta. Ha dado su vida por esta preciada pieza, y de igual modo su concha brilla, cubierta de nácar en el interior. Aunque por fuera, es áspera, oscura, de aspecto poco apetecible, entiendo entonces que es su coraza su protección para salvaguardar este magnífico tesoro. Así que, ahora, con mi preciada perla comienzo el camino de regreso a la orilla, tomada de la mano con Durh y en silencio. Vamos saliendo a la orilla y ahora sé, que aunque no puedo evitar que algo entre y me dañe sí puedo transformarlo, sí puedo controlar cómo me afecte y volverlo una joya para mí
y si al final, puedo compartir su brillo con los demás, será un regalo adicional

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