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viernes, 10 de abril de 2009

(III)

Últimamente hay campañas mundiales en contra de la anorexia, para dar a conocer los aspectos clínicos típicos, con algunas recomendaciones para su prevención. Objetan las web, los blogs o foros donde se propende este tipo de comportamiento, está bien, pero es correcto del todo? Tampoco. Hay que analizar a fondo que pasa en esos lugares, son un grupo de chicas y chicos desesperados por sentirse aceptados y no rechazados, y han encontrado el espacio. Direccionarlos a ver la realidad de lo que genera este tipo de actitudes sería más adecuado.

Vuelvo a decir, viene el problema de raíces emocionales muy profundas. Cuando surge la anorexia, es tan solo el fruto de esas semillas plantadas tiempo atrás. Sirve cortar las ramas de la maleza solamente? No, porque vuelve a surgir, una y otra vez. Hay falsos períodos de recuperación.
¿Cuáles y cómo se evidencias estas semillas?

Hablar de aceptación a un grupo, de ser valorados, de reconocimiento, es tan solo hablar de encajar en un mundo deseado. Diferente a la realidad que se vive, esta es una de las miles formas de escapar, pero todas autodestructivas como común denominador. Todas van enfocadas a ir destruyendo la imagen que se está rechazando y van siendo cada vez más agresivas consigo mismo. Jamás se está conforme con lo que se ve ante el espejo. Cómo se llegan a los resultados: ya sea comiendo exageradamente, luego dejando de comer, anorexia, bulimia, dietas, ejercicio, drogas, etc.; hay momentos temporales donde se logran ciertas características aceptadas, pero no son permanentes. Aquí se busca la compañía de personas que acepten esto, parejas, amigas, amigos, grupos, que al final terminan siendo los principales ejecutores o victimarios, pues presionan aún más.

En mi caso, aislarme de todos, para que no me criticaran por mi aspecto, siempre fui objeto de burlas de uno u otro modo. Resultado: yo misma era quién más me criticaba y exigía. Comenzó muy temprano, de niña, idas y venidas entre actitudes agresivas, momentos muy confusos para poder entender qué papel jugaba en la familia, la vida, tener ciertos aspectos diferentes a mis hermanas, usar lentes, tamaño diferente, gustos diferentes, carácter y temperamento, tantas cosas que se fueron sumando. Al final, un temperamento débil oculto en un carácter fuerte. Por dentro, llena de grietas tapadas con un pañete falso. Construir una muralla y aislarme del mundo fue mi solución. Me alejé tanto de la gente, de mi familia, que no sabía que pasaba a mi alrededor, solo en mi mundo, fingía participar de las actividades, desarrollando cursos exigentes, trabajos que correspondían a ese parámetro: largas jornadas, esfuerzos físicos muy por encima de mis capacidades tanto físicas como mentales, que solo me llevaban a estar continuamente agotada. Para compensar, parejas fuertes, de aspecto intimidante, emocionalmente dominantes, pero agresores en la intimidad. Un modo muy cruel de autocastigo, pero sentía que era lo que merecía.

No estaba conforme con mi físico, menos con mi modo de ser. Con el paso del tiempo, cada vez me aislaba más, y de ser muy flaca de niña, pasé a ser muy gorda de adulta, luego, pues al tener las burlas y maltrato constante de mi pareja, pues la vida paso a ser un infierno, y ya que la comida era uno de los tantos puntos para agredirme, pues lo hice también, era el más fácil, el otro, aceptar el maltrato sexual y psicológico al no defenderme. Justificaba todo, aceptaba, asumía y permitía. El resultado, un muy rápido bajón de peso, externamente, ante los demás mi aspecto “mejoraba” porque no estaba gorda... pero internamente, el deterioro iba a velocidad exorbitante, y siguió.

Al final, en 4 meses, perdí 27 kilos de peso, y comenzó el verdadero infierno, entre las constantes crisis emocionales, las físicas, entradas y salidas de hospitales y clínicas, médicos, diagnósticos superficiales, medicaciones constantes, pasaron tres largos años, el nacimiento de mi hija, con hipoacusia severa. Todo era un constante llamado de atención de la vida a que ESCUCHARA, y no lo hacía. Seguía en el derrotero camino al fondo de un abismo, y no sabía donde ni cuándo iba a parar. Cuando al final se presentó el golpe final, mi enfrentamiento definitivo con la muerte, fue el momento cumbre de todo esto: o hacía algo o me rendía del todo. Romper con todo lo que me generaba angustia, inconformidad, sufrimiento, era el primer paso. Salir del entorno de maltrato emocional y físico, separarme, romper mi matrimonio.

Tenía que aceptar que estaba enferma no solamente físicamente, sino emocional y mentalmente. Esto es lo más difícil, pues es reconocer que la responsabilidad de todo lo que pasa es únicamente individual, que aceptar el maltrato, la mala calidad de vida no es externa, la soledad es producto de una decisión, no de los demás. La situación es tan extrema, que solo había que tomar uno de dos caminos: rendirse totalmente, y morir y acabar con todo, o detenerse. La rendición implicaba no hacer nada, y dejar que el tiempo terminara de hacer lo que había comenzado tantos años atrás. Detenerse implicaba poner un alto a todo, un freno y comenzar a mirar. Cuál era más fácil de tomar? El rendirse, pero... el precio... dejar a mis hijos muy pequeños solos, me dio miedo, además le tenía pavor a morir. La idea de pensar en que tenía que rendir cuentas por desperdiciar mi vida me aterraba, así que decidí detenerme. Me dí cuenta que no podía sola.

El tener ayuda es muy importante, ya que lo que viene luego es muy complicado de aceptar. Asumir que se tiene una oportunidad de cambiar las cosas, de remediar errores y cambiar actitudes, pero que debe hacerse a conciencia, no a medias, aquí no sirven esfuerzos a pocos, despacio, sí, pero no un rato sí, y otro no. La vida no se puede desperdiciar, es un regalo y los regalos se aceptan o se rechazan, esta decisión implica consecuencias tanto a favor como en contra.

1 comentario:

isthar dijo...

Querida amiga, dios ilumine tu camino. Mil bendiciones Besos Isthar

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