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lunes, 16 de marzo de 2009

El tulipán

Historia: Tulipán

Origen del nombre e historia
El tulipán es una flor silvestre y se dice que es oriundo de Persia. En el siglo XVI, los tulipanes eran ampliamente cultivados en Turquía y, dado su parecido con el "tulbend", un turbante que llevaban los hombres turcos, se los llamó tulipanes.
En 1562, bulbos de tulipán de Constantinopla llegaron a Antwerp por barco. Antes de que terminara el siglo, los tulipanes se habían convertido en un objeto tan raro en Holanda que sólo los ricos podían adquirirlos; por lo tanto, los tulipanes se convirtieron en un símbolo de estatus de las personas adineradas. Sin embargo, para la década de 1620, los comerciantes se dedicaban a la compraventa de esta flor y así sobrevino la "locura de los tulipanes". En 1637, el comercio de tulipanes se desplomó y dejó a Holanda en la ruina financiera. Luego de que el gobierno holandés emitiera leyes estrictas para el cultivo y la venta de bulbos, el tulipán se convirtió en la flor nacional de Holanda.

Independientemente de su origen, esta bella flor tiene un simbolismo muy especial para mí. Representa toda la lucha que este frágil bulbo debe hacer cada año para sobrevivir y seguir creciendo y ofrecer su grácil flor. Cada año, esta planta debe morir, perder totalmente su follaje, sus raíces, aquellas que le anclan a tierra y le alimentan, su tallo y hojas, con las cuales procesa el calor, la luz, su alimento, debe desprenderse totalmente de todo lo que genera su sustento vital, y entrar en sí misma, en hibernación total, en condiciones adversas para la mayoría de las plantas de este tipo. Debe estar casi congelada, en oscuridad total, con una humedad muy controlada, donde solo sobreviven los que son más fuertes.

A nivel silvestre, ella resiste climas extremos, condiciones extremas. Y florece sin las mediciones ni rigores del comercio, crece, como es ella: libre, hermosa y radiante. Pero solo, aquellas que son más fuertes, las que logran recoger durante el año, la esencia suficiente para sobrevivir a la hibernación.

Al pasar el invierno, mágicamente se despierta de su letargo y comienza a sacar sus raicillas, a anclarse nuevamente a tierra y a germinar, un brote, de suave verde limón comienza a surgir, que luego será su tallo, y con él, las hojas y los botones
La primavera, llega entonces con un nuevo afán de vida, de fuerza, de ganas de surgir, pero debe hacerlo, igualmente lento, se toma su tiempo, y muchas, tampoco sobreviven a este período, vulnerable, frágil, su tallo expuesto, suculento y sus hojas suaves, atraen a muchos animalitos depredadores que se sacian de ella, y algunos, llegan a dejar expuesto el cuello del bulbo, y así, este se muere. Pero las mas fuertes, sobreviven y siguen creciendo, y protegiendo el botón con sus hojas lanceoladas, hasta que comienza a llenarse de colores vibrantes y hermosos. La forma, de copa, es para mí, la copa de los dioses, aquella en donde las historias de hechiceros, de hadas, de la madre tierra, podrían verter sus elíxires para beber a la luz de la luna en el verano y danzar al brillo de la luna. Durante este tiempo, exhibe orgullosa sus pétalos sedosos, brillantes, y sus diseños geométricos al interior, perfectos, matizados en unas pinceladas que solo la naturaleza sabe manejar con maestría y gracia. Colores, formas, brillos, tamaños, el tulipán ostenta toda la gama posible demostrando que vale la pena morir para renacer en una explosión de vida y entrega total para generar una flor que solo durará pocas semanas y volver a repetir el ciclo.

Al final del verano, decae, y muere lentamente, en una agonía que se resiste al tiempo, pero que es inevitable, finalmente, cede, muere con gracia, orgullo y sin pena. Sus colores van tornándose pardos, se matizan con el tinte de la muerte sin perder su brillo y con la misión de haber entregado su belleza un año más, vuelve al letargo del invierno.

Por qué hago esta introducción con la historia y sus condiciones? Porque siempre he sentido una gran pasión por dibujar estas flores, siento que son parte de la lección que debo aprender en mi vida.

Las diferentes situaciones que he vivido, extremas, radicales, que me han llevado al borde de la muerte, tanto física como espiritualmente, son por mucho, una similitud con el Tulipán. Crecer en condiciones emocionalmente complejas, difíciles y en cierto sentido muy solitarias, hicieron que mi temperamento se forjara lleno de temores, soledades y resistencias. Pero llegó el momento despojarme de todas esas capas, de esas máscaras, de esas hojas que me envuelven y me evitan respirar; llegó el momento de afrontar que debo dejar de proteger un bulbo que por sí mismo, es capaz de sobreponerse a la adversidad, y esa “protección” no es más que mi propia debilidad y mis resistencias a cambiar, a crecer, a evolucionar, y evitando que mi ser, mi yo, mi todo, mi divinidad y parte del universo mismo florezca. Seguir cubriéndolo de temores, angustias, dolores, solo sirve para que mi físico se resquebraje, y constantemente entre en crisis de salud, dolor, infecciones, estados vulnerables y depresivos, debilitamiento de órganos vitales y de la misma energía. Al romper esta conexión interna entre mi consiente y mi ser, estoy rompiendo la fuente de vida que debe sostenerme y seguir buscándola afuera, es como irrigar con agua contaminada el bulbo del tulipán en invierno, cuando él no necesita una gota de agua, la humedad la tiene ya, la que precisa para conservar la fuente de vida para retoñar en primavera. Es decir, la energía que debe sustentarme para mi evolución, está ya en mí, no debo seguir reprimiéndola, debo dejarla fluir.

Así debo entonces, actuar en consecuencia. Si esta flor lleva años rondando mi vida, es porque es mi ser el que está allí representado. Florecer, es pues la meta, por ahora, el paso siguiente es morir. Limpiar de todo aquello que me está haciendo daño, con lo que me estoy haciendo destruyendo, al permitir que otros me lastimen, al dejar que otros minimicen mi valor, al simplemente, autodestruirme con la autocompasión, y el mismo proceso diariamente herirme, anularme, y negar la existencia de ese ser maravilloso que está latente y pujando por salir y que al bloquearlo, genera esta condición actual de constantes crisis de salud.

Romper los esquemas aprendidos es como eliminar esas hojas, esa cubierta que el tulipán agonizante ya no necesita. Alimentar la tristeza, los pensamientos negativos, las actitudes compasivas, es alimentar mediante un tallo amorfo, con un tóxico alimento, la flor que debería alimentar de modo positivo y amoroso. Para poder acabar con este sistema de vida que no quiero ya, debo morir ahora, proceso que aún tengo temor en abordar porque mi ego, mi miedo y mi soledad me abruman, pero que comprendo también, así debe ser, y aunque debo hacerlo inmersa en esta soledad física infinita, en este vacío de amor humano, comprendo que no es carente del amor divino, ni estoy sola a nivel energético, tengo a mis seres de luz, a mis ángeles, a mis guías, y a los seres que en esa dimensión están conmigo para ayudarme. Es un cambio, que aunque existan personas cercanas para apoyarme, mi familia, mis hijos, mis amigos, solo puedo realizar en la intimidad de mi propia alma.

La fortaleza del tulipán me indicará entonces, los pasos a seguir cual mandala para llegar a mi ser interior y dejarlo finalmente fluir, ser libre y vivir como siempre lo he deseado.

2 comentarios:

isthar dijo...

Hola amiga, un gusto saludarte, deseando que estés muy bien.
No pude colocar mi imagen en seguidores.
Mañana intento otra vez.
Me gusta lo que escribes, felicidades.
Un gran abrazo y besos Isthar

Arann dijo...

Precioso....de verdad, y alegórico, simbólico.

Mi querida amiga, efectivamente metabolizas, pero debo rogarte que te vayas desprendiendo de tu crísálida....no es bueno llevarla encima cuando puedes volar...

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