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sábado, 21 de febrero de 2009

Cuando la luna tejía nuestros sueños...


No hace mucho tiempo atrás, unos pocos meses, solía mirar la luna, siempre brillante,
aunque las nubes la ocultasen, sabía que allí estaba.
Ella, cómplice, silente y diligente, tejía entre hilos de plata nuestros sueños, nuestras ilusiones y llenaba nuestras almas, cruzaba con su luz aquellas palabras que no podíamos decir de frente, las llevaba a tu oido y las susurraba con la brisa de la alborada.
El saber, el confiar, en nuestro sentir, le permitía a la Luna saber que a la noche siguiente, volvería a unir nuestros corazones en torno a su faz, a su resplandor, a que aunque cerráramos los ojos, nuestras almas recibirían esa caricia con que ella nos alimentaba.
Hoy, ella está igual que yo, sin saber que hacer con su luz, sin saber qué camino iluminar.
Sabe, que aunque teja una brillante alfombra plateada donde puedas caminar seguro, no la verás hasta que tu corazón salga de su prisión de dudas. No habrá noche, en que ella no te espere en silencio, y cuando quieras mirar su rostro, volverás a encontrar esa mirada que una vez te hizo creer que el amor es mas fuerte que la distancia y que el tiempo es eterno cuando se encierra entre un abrazo y un beso

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